domingo, 15 de diciembre de 2013

LIBRERÍA CANUDA


"Cada tic tac es un segundo de la vida que pasa, huye y no se repite. 
Y hay en ella tanta intensidad, tanto interés, que el problema es solo saber vivirla. 
Que cada uno lo resuelva como pueda".

En el escaparate durante meses lució un rotulo “Liquidació negoci".  No es ni la primera ni la última librería que veremos caer. Es la ley de la oferta y la demanda y aunque no nos guste, nos entristezca, es así. El mercado es feroz. Hoy ya está cerrada.

Busqué entre las pilas de viejo y mientras abría y cerraba algunos ejemplares el polvo rancio se me coló en la garganta. Una recia combinación de letras olvidadas, moléculas suspendidas en el aire y cierta nostalgia indefinida,  cierra a cal y canto la posibilidad de articular ni media palabra. Es lo espeso de lo antiguo, de la solera y del conocimiento que se pierde a pasos agigantados. Sin duda, aquel paseo entre estantes y repisas a punto de derrumbarse iba a ser el último.





Me produjo cierta molestia mezclarme con los oportunistas que buscaban, sin encontrar porque allí no han estado jamás, los últimos chollos en sombras eróticas y demás munición que sirve para herir de muerte a la buena literatura. Pero sus pasos no llegan más que a media librería, nada de lo que había en ella puede interesar a quien acude únicamente por el reclamo de la llamada improvisada de un rótulo que anuncia una rebaja por muerte y no sabe ni dónde entra.

Fue un último paseo sabiendo que aquellos era los últimos pasos del que recorre un melancólico cementerio a modo de despedida. Las cosas no siempre están en el lugar en el que deben estar.

Desde aquel día no había vuelto a pasar por delante de su puerta, ayer lo hice. Una sombra extraña cubre la pared de lado a lado, es como si el reflejo de Níobe se escurriera entre lamentos por la húmeda fachada de una piedra gris que se ha vuelto negra.

Ahora ya, duerme el sueño de los justos.