domingo, 4 de diciembre de 2011

GYPSY

Descubrió su secreto. Tuvo que reconocer que el hallazgo fue algo casual, encontrado sin el propósito de encontrar nada. 
Tal vez, aquel olvidó que lo que un día se deja al alcance de otro al final sale a la luz, que sólo es cuestión de tiempo, porque, pese al intento de secretismo, todo sigue ahí y cualquiera, incluso sin que se tenga un especial interés en nada, puede tropezar con una verdad medio oculta. Y fue así, de un modo casual, como topó con la historia de una existencia desastrosa que sólo se intuía.

Al final, el misterio resultó no tener nada de misterioso. Una apariencia que sólo era humo. Nada de filigranas, puro papel de estraza y almidón. Una vida corriente, como la de cualquiera. Una nada ampulosamente camuflada. Su ruina, como casi siempre, un amor inconfesable. Amar cuando no se debe se convierte en algo deshonesto si no se está dispuesto a perder posiciones ventajosas. Y lo intentó, y corrió rápido para mantenerse en la cabecera de la gran mentira. Pero nada se puede esconder para siempre.
Los secretos dejan de serlo cuando se comparten con un indiscreto, porque la mesura de uno puede casar mal con la del que está enfrente.

Al final, las cartas siempre terminan por estar sobre la mesa, y eso no deja de ser curioso. Sus fantasmas, aquellos que creía bajo la suela de su zapato, se le habían escapado por el tacón.

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"Mi hermana decía que fue «la época de los secretos»,pero con el tiempo he llegado a la conclusión de que lo importantede aquellos años no era lo que había sino lo que faltaba. En una ocasión una de mis pacientes dijo: «Tengo fantasmas que deambulan dentro de mí, pero no siempre hablan. A veces no tienen nada que decir.» Sarah solía entrecerrar los ojos o mantenerlos casi siempre cerrados porque temía que la luz la cegara. Creo que todos llevamos fantasmas dentro y que es preferible que hablen a que no lo hagan. Una vez muerto mi padre, ya no pude volver a conversar con él en persona, pero continué haciéndolo en mi mente. No dejaba de verlo en sueños ni de oír sus palabras. Sin embargo, lo que habría de mantenerme ocupado durante un largo periodo de mi vida fue lo que nunca nos dijo, lo que nunca nos contó. Al final resultó que él no era la única persona que guardaba secretos. Fue el seis de enero,cuatro días después de su entierro, cuando Inga y yo encontramos la carta en su estudio".
Siri Hustvedt