viernes, 23 de diciembre de 2011

BAILO Y OLVIDO


Hace casi un año me apunté a clases de tango. Desde entonces, todos los viernes, a la caída de la tarde, me calzo unos altísimos zapatos de tacón y, durante algo más de hora y media, marco pasos, doblo, redondeo ochos y vuelvo a empezar. Es un impulso, una atracción fatal hacia todo lo que huele a Argentina, a los psicoanalistas, las milongas, el tango, el mate y los alfajores.

Un buen montón de tópicos apuntalados a base de café, de alucinar con  Soledad Villamil, de cenas de entraña y vacio, de milongas y tangos en noches inacabables, con esperas inexplicables y helado de dulce de leche para atemperar males invisibles.

Aprendí a bailar el tango para olvidar y sigo aprendiendo para seguir olvidando.


casa musica- argentino paso tango -