domingo, 25 de diciembre de 2011

NO PIENSO EN NADA (2.0)

Entro despacito, casi de puntillas,  es muy tarde y no quiero despertar a nadie. En casa se duerme. Apenas un filo de luz por debajo de la puerta, apunta que quizás hay vida detrás de ella. Asomo la cabeza y me acerco, poco a poco. Retiro el libro, coloco las gafas sobre la mesilla, y apago la luz que debe hacer horas que se consume sin alumbrar nada.
Es hora de dormir, al menos los que puedan.

Me quito los zapatos y me arrellano en el sofá. Presiento una noche larga. No recuerdo cuando dejé de dormir,  ni cuando empecé a necesitar un estado de vigilia nocturno que me sosiegue. Escojo la tranquilidad a solas. Ella Fitzgerald o Billie Holiday, cualquiera de las dos o, mejor las dos, primero una y después la otra, no tengo prisa. Empieza a sonar "Misty". Ha sido una velada agradable pero algo nos ha pasado. Las risas están dejando paso a silencios incómodos, a preguntas cuya contestación requirieren centrarse y no mentirse. Pero no quiero pensar, y no lo hago. Si no pienso, no siento.
Montoliu ya no toca y yo llego tarde. Todo parece un poco más triste, más frío. Quizás sea que ya no hay humo, quizás sean las ausencias. Cuevas y dragones que desaparecieron, escapadas que no existen. Piano, piano y más piano.

- ¿En qué piensas?
- En nada. No pienso.
- Eso no es posible, estarías muerta.

Repetir gestos, volver a los lugares en los que un día fuimos felices, recordarte y recordarle, no nos devuelve el ayer y tal vez el mañana no llegue.
Ahora, sentada en casa, sé que es verdad. Esta noche, mientras su barbilla mal afeitada recorría el dorso de mi mano, no pensaba en nada, sólo en las pequeñas cosas que me hacen ser quien soy y como soy. 

Al fondo, una fotografía oscura que alguien nos hizo hace mil años, cuando todo eran risas y aún no estábamos muertos.