martes, 13 de diciembre de 2011

SWEET


"Llamar a alguien gelatinoso no  es  insulto". Así lo afirmaba Arístides Paín mientras martirizaba a sopapos a su compañero de pupitre. La gelatina es algo delicioso, repetía, mientras sujetaba contra la taza del water la cara del primer párvulo que encontraba por el camino. Y es que Arístides Paín, metro veintitrés de estatura y veinticuatro kilos de peso, bizco del ojo izquierdo, paseaba su cacareada hombría por patio del colegio, escudado en la condición de hijo del alcalde.

El cuatro de diciembre de 2011, Arístides Paín, metro sesenta de altura, setenta y cuatro kilos de peso, bizco del ojo izquierdo y director de la sucursal de una entidad bancaria de postín, apareció muerto sin aparentes signos de violencia  en el callejón  que escondía la casa de citas más reconocida de toda la ciudad, “La Volulantiere”.

Dicen, quienes le vieron,  que por las comisuras de su boca muerta se deslizaba una sustancia que nadie supo identificar a primera vista, pero que desprendía un agradable olor a frambuesa.