miércoles, 17 de octubre de 2012

UN POQUITO DE POR FAVOR



Existen algunas profesiones en las que no es suficiente con dominar una técnica sofisticadísima para que el trabajo quede perfectamente realizado, ni es suficiente que el que la desarrolla tenga un profundo conocimiento de su medio. Si falta la empatía y unas enormes dosis de humanidad, ese trabajo se convierte en una auténtica basura. Y eso, esa transformación, ocurre cuando en aquellos trabajos que tocan “material sensible”, quien los debe llevar a cabo olvida que el “objeto” de su actividad profesional es un ser humano en una situación de absoluta vulnerabilidad.

Desde hace unos días, por motivos que no vienen al caso, mi vida se ha convertido en un continuo entrar y salir de un centro hospitalario. No es agradable para nadie, y mucho menos para el que permanece tendido en una cama, sin poder moverse si no es con la ayuda de un tercero. Estas idas y venidas dan para mucho, para ver más y para maximizar el convencimiento que tengo sobre algunos temas, entre ellos, la necesidad de no permitir algunas cosas.

Cuando uno ingresa en un hospital, como paciente, deja colgada de la puerta gran parte de su intimidad y ese peaje, que no es menudo, se paga con la esperanza de que esa desnudez vital, junto con la magia de la ciencia, le permita recuperar parte de lo que fue. Pero aún así, desnudo de algo más que vestiduras, los pacientes conservan la dignidad, y esa no debe ser pulverizada por absolutamente nadie, mucho menos por esos que, como digo, son los encargados de hacer funcionar el engranaje del intento de recuperación de alguien.

Existen situaciones que atentan contra la dignidad de la persona, y son altamente menoscabadoras de la misma, por ejemplo, cuando, para evitar tener que trabajar, se coloca un pañal a un adulto que está en una cama sin que tenga problemas de incontinencia. Y es mucho más indignante y menoscabador cuando se sugiere al paciente que se orine encima ya que lleva el pañal y el personal está en pleno cambio de turno.

Alguien debería explicarles a algunos que para el ejercicio de determinadas profesiones hay que tener una sensibilidad especial, que todos andamos cansados,  agobiados y con ganas de volver a casa, pero que los que más ganas tienen son, sobre todo, los que ocupan una cama que no quisieran tener que ocupar.

Lo anteriormente escrito no invalida el hecho que hay gente estupenda en la sanidad, y que a ellos les debemos más de lo que creemos, pero algunos deberían ser colocados en la cola del paro sin pasar por la casilla de salida.


Leonard Cohen - everybody knows