viernes, 5 de octubre de 2012

RUTA 206


Durante semanas planeé un viaje maravilloso, prodigioso. En un cuaderno rojo, de tapas duras, anoté los lugares que quería recorrer. Pasaron los días y el elástico que sujetaba las páginas de mi próxima aventura amenazaba con ceder y esparcir por cualquier sitio el destino que, paso a paso, centímetro a centímetro, había decidido.
Junto al itinerario, previamente delimitado,  cosí una fotografía. No fue sencillo, escogí una aguja fina para que las puntadas sujetaran con firmeza pero sin cuartear,  la imagen del lugar que había escogido para reposar. 

Cosí el hueco de su clavícula a una cuartilla. Y, desde allí, tracé las líneas de un viaje que se iniciaría en el recodo que me aguardaba junto a su cuello, recorrería su pecho y que se entretendría hasta llegar a la punta de sus pies. Un éxodo desde las frias tierras del norte, atravesando los humedales del sur, y hasta alcanzar el árido rincón que se esconde tras sus rodillas .  
Por último, anoté no olvidar: una botella de cabernet sauvignon, dos copas y un par de enormes gafas de sol. No en vano tendríamos que esconder al mundo que habíamos viajado hasta las antípodas de nuestras vidas sin salir de la 206.


- dina washington -Mad About The Boy