lunes, 14 de febrero de 2011

MALDITAS ENTIDADES BANCARIAS

 

Desde hace unas semanas nos sobrevuela la noticia de la “nacionalización” de las Cajas de Ahorro. Frente a ella, los medios de comunicación se rendían ante una resolución judicial dictada por la Audiencia Provincial de Navarra en la que, en un procedimiento hipotecario, denegaba la posibilidad a una entidad bancaria de seguir ejecutando (reclamando), el importe adeudado que no quedó cubierto pese a la adjudicación a la entidad bancaria del bien que servía de garantía para el préstamo impagado.

Por aclarar. Un hipotecario es un procedimiento judicial por el que quien presta una cantidad de dinero puede ejecutar (reclamar y cobrar) la totalidad de la cantidad prestada, antes de la finalización de los plazos fijados, con sus intereses y costas, cuando se deja de abonar alguna de las cuotas de devolución del préstamo. 
La hipoteca no es más que una garantía real, que recae sobre un bien inmueble. La persona que recibe el préstamo se compromete a abonarlo íntegramente garantizándolo con un bien, para que en caso de no devolver el dinero ese bien inmueble (casa o finca)  que sirve de garantía, pueda ser subastado para con lo obtenido en esa venta judicial, abonar la deuda. Eso es y no otra cosa.

Parecía que una bocanada de aire fresco entraba en los Juzgados y que podíamos empezar a respirar frente a la brutal presión que un procedimiento hipotecario supone sobre la economía y vida del ciudadano de a pie.  Parecía que empezaba a imponerse la sensatez, que a partir de ahora, una vez que la entidad bancaria se quedaba, por adjudicación, la vivienda hipotecada, no podría seguir reclamando ni uno duro más, contrariamente a lo que ocurre en este momento. Teníamos ya el antecedente.

Pero, las alegrías siempre duran poco y para disgusto de quienes hayan podido creer que  algo estaba empezando a cambiar, hace unos días, se notificó otra resolución dictada por la  misma Audiencia Provincial de Navarra en la que, con criterio totalmente distinto, establece que cuando la adjudicación del bien en la subasta, es por valor inferior a la deuda que el ciudadano sostiene con la entidad bancaria, pese a que éste pierda el inmueble, continuará debiendo la diferencia a su banco. Conclusión, se le podrán continuar persiguiendo bienes presentes y futuros hasta el completo pago.

He leído con suma atención ambas resoluciones. Y las leo con un cuidado extremo porque en menos de dos semanas he asistido a tres actuaciones de entidades bancarias (Cajas de Ahorro incluidas) que pese a actuar dentro de la más estricta legalidad, suponen un abuso, no de derecho puesto que la ley se lo permite, sino un abuso moral y una contravención de todo el sistema de valores que rige nuestro ordenamiento civil.

Estudiadas ambas resoluciones, llego a la conclusión, dejando de lado los términos estrictamente jurídicos, que aquí importan bastante poco, que este mundo da asco. Los negocios dan asco, los bancos dan asco, las Cajas de Ahorro dan más asco todavía y el sistema perverso en el que vivimos es el horror.

Intentaré centrarme en lo que más me repugna. Las actuaciones de las cajas de ahorro. En este momento de fusiones, absorciones y demás, me pregunto que sentido tienen las Cajas de Ahorro. En su día,  lo tenían. Eran entidades financieras destinadas al ahorro y a desarrollar actividades benéficas y sociales. De hecho, en su origen, eran utilizadas como instrumentos para mejorar las condiciones de vida las clases trabajadoras,  a través de la remuneración del ahorro. Gracias a esta labor social, las Cajas de Ahorro han gozado y gozan de enormes privilegios. Sin embargo, hoy su labor social, esa que las fundamentaba, no es más que una excusa para seguir mordiendo la mano de los que les damos de comer, que somos nosotros mismos, esos a quien imponen condiciones draconianas, esos que les pagamos exorbitados intereses, esos que con nuestros impuestos acudimos a su rescate mientras el resto nos vamos hundiendo.

Es evidente que el sistema hipotecario de este país necesita una reforma. Y es que no se entiende y no es ni lógico, ni moral el sistema existente en este momento el actual sistema. No se puede entender que a uno le  presten 8 y lo garantices con un bien que vale 10 y que, cuando debas 5, el que te prestó los 8, se quede el bien por 3  (ese que él mismo valoró en 10)  y que por tanto le sigas debiendo 2. Tampoco se entiende que la misma entidad, compareza a las subastas, a través de sus filiales inmobiliarias para ahondar en la gran estafa legal que son algunos procesos hipotecarios y se queden bienes por debajo del valor que tienen, creando el caos social. Y se entiende menos todavía
porque la entidad que te prestó, fue quien estudió (previo abono de la comisión de estudio pertinente) tu capacidad de pago y se supone que las posibilidades frente a las oscilaciones de los intereses, porque fue esa misma entidad quien valoró el bien que entregabas como garantía y porque fue esa misma entidad la que te impuso las condiciones de juego.
El sistema hipotecario huele a podrido. 
No sirve que se amparen en la actual legislación y en la inexistencia de un abuso de derecho. Hay algo que va más allá de todo ello. Es tan brutal la falta de moralidad, de honestidad, de valores y principios sólidos  que ya nadie se echa las manos a la cabeza cuando vemos algunas barbaridades, sobre todo cuando son de guante blanco. Aquí todo vale. Sólo cuenta lo aparente, mientras esa apariencia sea aséptica, parezca limpia, bien tramada y el que la ejecuta lo haga con una pluma en lugar de con metralleta.

Estamos en crisis. Una crisis mundial, interplanetaria, galáctica, espectacularmente global. La crisis es tan generalizada que afecta a todo: al sistema económico, al sistema de vida, a las aspiraciones personales del individuo, a la integridad personal, a la moral social y, desde luego, al colectivo humano como tal.

Sólo me entran ganas de gritar ¡Paren, que yo me bajo!


pink floyd - another brick in the wall part ii