domingo, 20 de febrero de 2011

HOY, COMIDA DE RABO



Hoy, comida de rabo. El mensaje es claro y directo. No deja lugar a la duda. Si viene de Ramón, menos todavía. Si me dice que hoy toca rabo, no voy a pensarlo ni un minuto. Me voy corriendo a la ducha, me seco el pelo poniéndole especial dedicación, un toque de colorete, dos pasaditas de rímel, revisión de bolso para que todo lo que precisaré esté ahí y salgo a la calle.

Cruzamos las avenidas como auténticos desesperados,  no debemos perder tiempo, estamos deseando llegar. Hace semanas que lo planeamos. 
Ha sido difícil encontrar un hueco. Aquí las cosas se ponen cada vez más complicadas. Apenas un par de sitios al que acudir con ciertas garantías. Esta ciudad ya no es lo que era. Se ha llenado de remilgados y puritanos del tres al cuarto.

Empiezo a pensar que no debí ponerme los vaqueros, ni la camisa blanca. Estas cosas siempre dejan rastro y el pantalón termina siendo una incomodidad. La próxima vez, falda y jersey de cuello vuelto.
Entramos corriendo. En la calle hace frio pero nada más entrar nos envuelve el cálido ambiente de los lugares semi clandestinos. Observo sonrisas cómplices mientras cruzamos la entrada. Estamos llegando, me sofoco sólo de pensarlo, y Cotelo me coge por la cintura mientras me cede el paso . Veo que el resto nos espera. Una verdadera orgía, no podía ser menos.
Hoy hemos quedado toda la peña para comer el primer rabo de toro de la temporada, el oloroso empieza a correr a raudales y la mesa empieza a llenarse de platos y cazuelas. No hay tiempo que perder, vamos a hincarle el diente y luego, el que pueda, que se vaya de corrida aunque sea por el Canal +.
Salud.