martes, 1 de febrero de 2011

-ELECTRIC-GITANISTIC-MACHINE-


Sí, por mi mala cabeza, sólo por mi mala cabeza me veo en esta tesitura. En el mes de diciembre, cuando todo fueron alegrías e hijoputeces, la que suscribe se constipó.
No es ninguna novedad, en invierno hace frío, llueve, una se moja, se cuida poco y, como no podía ser de otra forma, ese malestar generalizado que tenía que durar apenas unos días, se ha convertido en un auténtico vía crucis.
Como no me queda otra, me lo como y sigo jugando.
He pensado que ya que no puedo aliviar de inmediato los síntomas de una otitis galopante, pues como que le voy a sacar provecho.

De momento, no atiendo al teléfono. En mi buzón de voz he grabado un mensaje de salida que dice aquello de “por avería en la Trompa de Eustaquio, ruego no dejen mensaje de voz y remitan –sms-, pero eso sólo en caso de peligro de muerte y previa extremaunción”.

Como mis delicados oídos no pueden pasar frío, he puesto en mi bolso un gorrito de lana y unas orejeras. Ahora camino por el despacho con ellas puestas y desde las mesas de mis compañeros, por los gestos de sus caras, sé que dicen cosas pero, ¡Ah! Se siente, yo no oigo nada y sigo caminando con paso resuelto.

He aprendido a poner cara de malita, bueno eso lo exploto desde que la tos fue tan de tísica que, desde hace unos días, ya no me entran los papeles hasta mi cubículo sino que me los lanzan desde la puerta. 
Sin embargo, como no quieren acabar como yo, y les doy hasta penita, ahora cada dos horas tengo en mi mesa un humeante café acompañado de una galletita, un caramelito, o cosas así, lo cual me garantiza sentirme muy a gustito y que cuando termine con esto habré aumentado unos cuantos kilos. Pero de momento, seguiré poniendo cara de malita.

He desarrollado una nueva estrategia, la última, la mejor. Mi hilo musical. Sí, me cuesta trabajar sin música de fondo. En estos momentos, dada mi galopante sordera no sirve de nada que ponga ni spotify, ni el Ipod, ni nada de nada. Así que ayer a mediodía me acerqué  al mercado que hay un par de calles más allá y le pedí al organillero que ameniza la jornada de los tenderos con su pianola eléctrica, que durante unos días se ponga debajo de mi balcón para que yo, bajo el influjo musical, pueda seguir trabajando. Desde ayer gozo, amortiguado por el contumaz moco orejero, de los más elaborados pasodobles y los hits-parades del verano en versión electric-gitanístic-machine

Creo que hoy, por aquí, ha comenzado una recogida de firmas para enviarme a casa hasta que me reponga. No lo hacen porque crean que les pueda pegar nada, ni porque no atienda al teléfono, ni porque me esté tomando los cafés de gorra, no, no es por eso. Dicen que se niegan a que su hilo musical sea “Paquito el Chocolatero”, "La campanera" y "El venao" y yo, que voy con mis orejeras de color rosa, disfrutando de tan glorioso repertorio, no termino de comprender el mosqueo generalizado. Cosas peores oímos a lo largo del día y estas, por lo menos, como que nos dan alegría.
Y es que ¡oyes!, que mal que llevan algunos los arrechuchos de los otros.