lunes, 10 de diciembre de 2012

ASÍ TE QUIERO YO


Hace apenas unas semanas estuve en una exposición del pintor Wojciech Fangor. Coincidir con ella fue cosa del destino y que a mi acompañante accidental se le ocurriera que podría apetecerme pasar mis horas muertas en Varsovia en una retrospectiva de este pintor aún lo fue mucho más.

Pasamos un día estupendo. Hablamos poco pero abrimos mucho los ojos. No entiendo nada de arte, sólo sé decir lo que me gusta y lo que no me gusta. Lo mismo me ocurre con la música, con los libros, con la cocina, incluso con los hombres de mi vida.

Para llegar hasta el recinto tuvimos que atravesar un parque bajo el agua nieve que no dejó de caer apenas un minuto en todo el tiempo que estuve allí. El rumor de las pisadas sobre las hojas muertas, la humedad que velaba el camino y la languidez de una mañana exigua, nos mantenía en un breve silencio. Sobraban palabras y faltaba aire. Junto a la verja, una fotografía extraordinaria de Fangor, la misma que pueden ver ahora (la fotografía de una fotografía, como un mal calco de un estupendo original que no puedo identificar). 

Me quedé junto a ella, disparé tres veces en una ráfaga que buscaba la inmortalidad de un momento perfecto y después, como si el alivio me invadiera, con el objetivo apuntando al suelo, lo supe. Quiero una vejez así, ajena a ruidos extraños, a males que envenenen. Sentarme en una silla y esperar lo que tenga que venir, lo que sea, sin más escandalera que la de mis propios huesos buscando los suyos mientras me acomodo a su vera y esperamos lo que tenga que ser, en un silencio complice que pesa mil veces más que las palabras gruesas que se perdieron por recodos vagos.


Kings of Convenience - Cayman Islands