domingo, 19 de junio de 2011

PASMANDO EN CHINO

Estoy pasando por una fase de “atropello mental”.  Cuando me encuentro a algún conocido y me pregunta qué tal estoy, la respuesta es simple “atropellada”, no hace falta más explicación, sabe a que me refiero.   
Las consecuencias del atropello no son letales, sólo que me dejan el cerebro en un estado absolutamente plano. No hay razonamiento alguno ni posibilidad de que lo haya mientras dure la situación. Ni un solo pensamiento que se salve, simplemente no hay. 
Alguien me dijo una vez que eso no era posible, cuando uno no piensa es que está muerto. Yo no lo creo. Sólo estamos en stand-by. 

¿Qué puede hacer uno con el encefalograma casi plano? Pues lo mejor, optar por la vía de las sensaciones. Así que en esas ando, sintiendo sin pensar. Disfrutando por la vía de la sentidos, de la emoción, del gusto o de lo que sea, de algunas cosas.
Por eso, este fin de semana ha sido una buena cosa. He transitado por este estado con un  placer excesivo. He terminado un par de novelas que tenía aparcadas desde hacía semanas, he releído algunos viejos escritos ajenos, disfrutado de la música que me gusta, reorganizado mis macetas y gozado de una de mis grandes filias, el cine de Darín.
Como no podía ser de otra manera, ha caído “Un cuento chino”, una película con la apariencia de comedia, que de comedia no tiene nada. Una buena película, de verdad, con una historia sobre realidades increíbles, sobre…bueno mejor la ven. Yo sólo le he encontrado un problema, por unos segundos, el atropello ha empezado a diluirse y, sinceramente, me apetecía seguir en plano durante unas horas más. 
Pero he tenido suerte, sólo ha sido un amago. Tras un café al fresco, he vuelto a pasmar, pero no sé lo que este estado puede durar, así que voy a aprovechar el tiempo que me queda, voy a colocarme el Ipod, escuchar a Billie Holiday, releer algunas de las preciosísimas historias que un día escribió un loco y mañana será otro día.