miércoles, 1 de junio de 2011

EFÍMERAMENTE FINITA


Mientras le evocaba a mi vera, eminente, recordé nuestros últimos días. Vagamos durante horas sobre una cama que se convirtió en el único mundo que importaba. Transformó el tiempo y convirtió cuarenta y ocho horas de tregua en una infinita noche perfecta. Me dormí perdiéndome en el hueco de su clavícula mientras él conjugaba el último guiño que nos hacía el destino, él disolviéndose en mí como yo me disolví en él. Nunca una eternidad fue tan efímeramente finita.

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"Sus caricias poseían una extraña cualidad. Unas veces eran suaves y evanescentes, otras, fieras, como las caricias que Elena había esperado cuando sus ojos se fijaron en ella; caricias de animal salvaje. Había algo de animal en sus manos, que recorrían todos los rincones de su cuerpo, y que tomaron su sexo y su cabello a la vez, como si quisieran arrancárselos, como si cogieran tierra y hierba al mismo tiempo.

Cuando cerraba los ojos sentía que él tenía muchas manos que la tocaban por todas partes, muchas bocas tan suaves que apenas la rozaban, dientes agudos como los de un lobo que su hundían en sus partes más carnosas. Él, desnudo, yacía cuan largo era sobre ella, que gozaba al sentir su peso, al verse aplastada bajo su cuerpo.
Deseaba que se quedara soldado a su cuerpo, desde la boca hasta los pies". 


Chet Baker - I Fall in Love Too Easily