jueves, 16 de junio de 2011

DUKAN MON AMOUR (I)


Falta menos de una semana para la verbena de San Juan. Ya saben petarditos, hogueras, amiguetes, copas, risas y lo que se tercie, si se tercia. 
Pues bien, la que suscribe tiene una fiesta, un fiestón, para ser exactos.  Así, una que es una mujer l'Oreal (osea, porque yo lo valgo) ha decidido que esa noche mágica no sólo va a estar estupenda sino que va a estar superior, así que hace unos días compré el archiconocidísimo libro del Dr. Dukan,  que explica, punto por punto los prolegómenos de la famosísima dieta dukan, esa que está haciendo adelgazar a media humanidad (la otra humanidad ya está flaca por necesidad –sí estoy atravesando una terrible época de humor negro) que va a permitir embutir el lorzamen dentro de unas costuras que valen un pastón. 

Ni decir tiene que éste ha sido el libro más fotocopiado entre mis amigas y conocidas.Y es que todo dios quiere la famosa dieta, las consignas de marras, pero ni Blas se compra el libro. El gorreo al poder.

Entrando en harina, de avena, claro, la dieta en cuestión se compone de distintas fases: la primera, que es la que nos interesa ahora, es la  llamada de ataque. El nombre es de lo más apropiado, pues es cierto, ataca los nervios al más pintado. Hay que adquirir distintos alimentos, aditivos y complementos, entre ellos la avena (sí, sí, como la que comen los caballos). De momento, por la falta de costumbre, he confundido los copos de avena con el recomendado salvado de avena, una grave falta. Primera pifia, que sólo podré expiar subiendo y bajando del monumento de Colón no menos de veintitrés veces.
El manual recomienda que en esa primera fase uno se pese continuamente. Dice el doctor que eso genera optimismo y ayuda a continuar la dieta. Automotivación. Vale, yo que me he propuesto seguir las instrucciones a pies juntillas, he cogido  la báscula digital, la del baño, y ahora la llevo en el bolso junto al movil y las llaves de casa. Que tengo un minuto mientras espero el autobús, pues saco la báscula y me peso. Que tengo que hacer fotocopias, pues planto la báscula frente a la máquina y me subo a ella como si fuera una tarima. Todo ello para la automotivación. Voy ganando puntos.
Dice que tienes que comer proteínas, muchas proteínas. Beber agua, mucha agua y comer tortitas, tortitas que previamente habrás preparado con el dolor de tu estómago. Lo que más mola es que por primera vez en mi vida, el ejercicio está contraindicado mientras se realiza esta dieta. Y ahí es donde me he agarrado como a un clavo ardiendo.

Ahora, a diario, cuando llego a mi casa, me tumbo en el sofá, dejo que el gato pasee con mi cepillo favorito entre los dientes (sobre estos avatares ya me referí en otro texto) y espero que por arte de magia mi churri ponga la lavadora, el lavaplatos, haga los baños y me planche la ropa. 
Y no crean que mi sillonball es por vagancia, o por no dar un palo al agua, no. Mi nueva afición es porque Dukan así lo ordena y yo, que tengo que lucir el modelito adquirido para la verbena en cuestión, no estoy para desobedecer al doctor.

Y es que ya lo saben, estamos en épocas de gurús de pichirrí y yo ya me he buscado el mío. Así que sólo puedo decir que el doctor Dukan es mi pastor y su dieta mi catecismo. 
Seguiré informando.


Serge Gainsbourg - Je t`aime, moi non plus