lunes, 30 de julio de 2012

COSAS ABSURDAS (I)

 

En las últimas semanas, día sí y día también, revuelvo los armarios buscando unas gafas que perdí hace ya algún tiempo. Unas gafas estupendas que me sentaban tremendamente bien y que un día, de la noche a la mañana, desaparecieron dejándome colgada de la desazón que me produce saber que en casa existe un agujero negro por el que se cuelan las cosas más inverosímiles, desde las más intrascendente, a las más valiosas. De todas ellas son dos las que me obsesionan. Una, las gafas; la otra, innombrable, espero que sólo ande escondida, jugando al ratón y al gato para cuando menos lo espere aparecer de nuevo y que mi vanidad crezca unos cuantos enteros antes de que me muera.

Las noches se han transformado en un trasiego de objetos inanimados que parecen burlarse silenciosamente de esta obsesión por encontrar un par de gafas trasnochadas. Pero no puedo evitarlo, o no quiero hacerlo.

Vacío el cajón de la ropa interior y entre el ingente algodón, el tacto de la seda me consuela pensando que el otoño volverá. Miro entre las bufandas, en los bolsillos de las chaquetas de invierno y las manos, acaloradas por un julio estúpido, alcanzan la temperatura de la fusión del plomo. Y sigo buscando en la bolsa de las medias, bajo el canapé, en los bolsos que cuelgan detrás de la puerta, en el carrito del baño, entre los esmaltes de las uñas, sin suerte.

Y en este peregrinar entre objetos cotidianos al final lo que menos importa es si las gafas, que sustituí la misma semana que aquellas otras desaparecieron, aparecen o no porque lo que busco en realidad es ese momento que yo perdí creyendo estar donde debía y que otro utilizó para desvanecerse y convertirse en humo.

No pierdo la esperanza, seguro que andan por aquí, es cuestión de paciencia, seguir buscando y sé que cuando las encuentre lo veré todo más claro, hasta lo de ese tiempo perdido.


Angus & Julia Stone - All of me