domingo, 8 de julio de 2012

A ESTE LADO DEL PARAISO



Balanceo el pie mientras monopoliza una conversación con la que me envuelve. No hay ni un gramo de afectación, ni de falso encantamiento aunque sus dedos jueguen con los míos en varias ocasiones, aunque su mano, excesivamente tibia, rodee mi cuello y de un modo firme lo acaricie aliviando la tensión que arrastro.

No son gestos de seducción que no caben, ni falta que hacen. Lo sabe y lo sé. No existe tensión sexual no resuelta, la resolvimos en su momento, y desde entonces nuestro sexo se compone de compartir un lenguaje común y un modo de hacer tan similar que no es necesario explicar algunas cosas.

No sé cuantas horas hace que nos sentamos frente al mar pero deben ser muchas porque, sin darnos cuenta, pasó de un inmenso aguamarina, a un intenso cian. La gama de azules es inabarcable, casi tanto como tú. 

Tiene que viajar y yo que volver a casa. Dos horas de trayecto por una vía rápida, monótona que me permite pensar en el preciso instante en que nos dimos cuenta que algunas cosas estaban más allá del sabor salado de la piel y de la necesidad de compartir una cotidianeidad abrumadora y desconcertante, incomprensible e irreconciliable con algunas realidades mundanas.

Bebemos agua mineral y el mar, que viaja paralelo con nuestro regreso, se oscurece y desaparece confundido con la línea de un horizonte que se apaga al llegar la media noche. 

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"Él que sobre todas las cosas amaba la muerte, amó y vivió con deliberada y pervertida curiosidad, tal y como ama un enamorado que deliberadamente se reprime ante el prodigioso cuerpo complaciente, dispuesto y tierno de su amada, hasta que no puede soportarlo y entonces se lanza, se arroja, renunciando a todo, ahogándose".


Charlie Hunter & Norah Jones - More than this