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domingo, 23 de abril de 2017

DOMINGO




Era como si mientras el engaño sucedía en silencio y monótonamente, todos nosotros hubiéramos aceptado ser engañados, favoreciéndolo con nuestra inconsciencia o puede que cobardía, pues toda la gente es cobarde y prefiere de un modo natural cometer una traición, ya que ésta tiene un aspecto cómodo.
William Faulkner






Tengo que cerrar el balcón para que no se cuele el ruido de fuera. Los domingos siempre ocurre lo mismo, la calle, silenciosa a diario, se convierte en un continuo disloque de cánticos religiosos de la iglesia evangelista que hay la esquina y de críos correteando, gritando, por las aceras mientras esperan a unos padres que andan encomendándose a Dios o a quien sea. Una anticipación de la vida eterna acostumbraba a decir, con cierta guasa, en cuanto las primeras voces se colaban en casa.  Ahora ya nadie dice nada y todos esos sonidos son sólo un ruido insoportable que arruina la mañana del domingo. Abro al cabo de un rato cuando sé, por la costumbre, que la intensidad habrá ido de baja y los “Aleluya” solo serán un rumor que escampa entre los plataneros medio muertos del callejón y la ronquera de algunos tubos de escape. 
Busco en la nevera algo con lo que engañar el hambre antes de tirarme al sofá y recorrer toda la geografía de este festivo entre bostezos y lecturas a medio gas. Quedan unas galletas de chocolate, un poco de queso y una botella de cola sin gas. En el congelador, los restos de un guiso de sepia que trajo mamá antes de que le prohibiera la entrada. Aquí ya no entra nadie, nadie que venga con ganas de evangelizar por una vida que dicen que continúa pese a todo. Me pregunto ¿Qué sabrán? Cojo un vaso y lo lleno de agua del grifo. Por la ventana de la cocina se cuela una voz lastimera y unos cuantos rayos de sol que acabarán con la maceta de hierbabuena que sobrevive en el alféizar.  
Suena el teléfono y no descolgaré, esta vez tampoco, ¿Para qué? No tengo que contratar ningún seguro, ni cambiar de compañía de telefonía móvil. Ya nadie llama a las líneas fijas si no es para vender algo que no quieres. Tanta basura, tanta ruina, y nada que colocar en el horno, nada que cocinar ya. El polvo cubre la leja en la que aún reposan sus gafas. 
Solo son las dos. No hay nada que hacer. Solo queda esperar a que llegue otro domingo para abrir las ventanas y tener la posibilidad, una vez más, de despreciar la vida que se cuela en forma de salmos, de voces que murmuran sin que las veas, y el polvo que seguirá acumulándose sobre unos cristales ciegos.










domingo, 18 de octubre de 2015

INGRAVIDEZ



No hay nada mejor, nada comparable, nada más en este mundo más allá de vivir
el corto tiempo que se nos ha acordado, estar vivo y saberlo.

William Faulkner



Me he despertado sobre la cuatro. Ese momento en que la noche cerrada avanza hacía el umbral de la madrugada. Me he puesto a leer sin seguir una línea porque me distrae la idea, absurda, de que un día pensé que llegar hasta ti era el sentido de mi vida, de todas las vidas. Inmediatamente me intuyo vetusto. En el televisor reponen por enésima vez “Historias de Filadelfia” y durante un rato la sigo en versión mute. La noche siempre es silenciosa, incluso cuando por el respiradero del baño se cuelan los maullidos espeluznantes de una pelea de gatos. Pienso en subir a la azotea y lanzar un cubo de agua para que los vecinos puedan seguir durmiendo. Pero me da miedo y espero con las llaves en la mano y no sé el tiempo que pasa, pero los gatos han dejado de desgañitarse. Incluso los más pendencieros tienen que ir a dormir cuando llega la alborada de un amanecer que no espabila y que se emborrona con una tormenta que se acerca desde hace dos día. Pienso en llamarle, y me voy al baño con el teléfono, y allí, junto al borde de la bañera, soy consciente de lo estúpido del gesto. Sobre las ruinas de su corta vida ya no puede construirse nada. Pasear entre los cipreses que bordean su adiós infinito, es algo que debe esperar, como el cielo o el infierno. Una condena. Las primeras luces tiemblan sobre el hormigón, el miedo se recoge porque alguien dispuso que debe ser así. Cualquier presagio es inútil sobre la vida.





miércoles, 29 de octubre de 2014

DE LA FURIA Y DEL POCO RUIDO



“Era como si mientras el engaño sucedía en silencio y monótonamente, todos nosotros hubiéramos aceptado ser engañados, favoreciéndolo con nuestra inconsciencia o puede que cobardía, pues toda la gente es cobarde y prefiere de un modo natural cometer una traición, ya que ésta tiene un aspecto cómodo.”




Esta mañana, mientras mataba las horas en el tren he asistido, sin querer, a una trifulca sentimental. La pareja hablaban casi susurrando, pero la escasa distancia entre los asientos ha terminado por convertir su personal batalla en el elemento de distracción de los que viajábamos a su alrededor. El monólogo acalorado y casi murmurado de ella, se interrumpía con un lapidario y frío “yo no tengo nada más que decir y no quiero escucharte más. Así son las cosas”.

No sé cómo ha empezado el tema, como tampoco sé el modo en que ha finalizado porque un ataque de molicie me ha arrastrado desde mi asiento hasta la cafetería.  Ya en ella, a salvo de contingencias ajenas, mientras cruzábamos campos yermos como la matriz de una anciana, bebiendo el peor café del mundo, he pensado de la cantidad de veces que nos cerramos en banda, que nos enquistamos en nuestros propios argumentos (interesados casi siempre) y evitamos movernos un ápice del lugar en el que nos colocamos. No hay nada más frustrante que intentar hablar con quién no quiere escuchar. Y es una perdida significativa de fuerzas y un desgaste absoluto intentar que las propias razones sean tenidas en cuentas por quien ha decidido no seguir hablando, no escuchar, y se carga de obstinación para evitar que por cualquier grieta se le cuele cualquier argumento que pueda hacer tambalear el muro levantado.

Mientras veo pasar los postes de la catenaria a una velocidad de vértigo, he pensado en un par de contenciosos que tengo abiertos por ahí con imposibilidad de hablar, por cansancio, por falta de voluntad. Me he pedido un segundo café, para tirar hacia abajo la bola de lo que uno se guarda dentro porque ya no hay interlocutor que valga. Y pienso en lo inútil y cansado que es monologar y preocuparse cuando lo que uno quiere es dialogar y ocuparse. Pero supongo que eso nos pasa a todos, en ocasiones nos tornamos sordos y en otras, a fuerza de intentar que nos escuchen, nos quedamos mudos. Será nuestra extraña condición.


lunes, 21 de julio de 2014

COSAS QUE A VECES PASAN


"El campo de batalla sólo revela al hombre su propia locura 
y desesperación, y la victoria es una ilusión de filósofos y tontos."



No tienes que representar ningún papel conmigo, Steve. No tienes que decir nada ni hacer nada. Sólo silba. ¿Sabes silbar, no? Juntas los labios y soplas".

Nadie dijo que tuvieras que ser siempre como Marie 'Slim' Browning en “Tener y no tener”. La vida no es cine. La vida es un mañana que nunca llega, una cuerda que se deshilacha mientras tiras de ella, y un pozo en el que apena queda agua fresca. Eso y poco más. 





domingo, 15 de junio de 2014

SO FAR, A VECES


"La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes
 para no perderlos de vista mientras se persiguen".




Solo el agua que se acumula en las aceras parece real. Sin terminar de acostumbrarnos al sofocante junio mediterráneo, la brisa nos permite adormecernos. Las nubes empezaron a despejar hace ya algún rato y el sol amaga tímidamente cuando debe empezar a ponerse. Andamos rezagados pero la pereza y la bonanza de estos últimos minutos no dejan espacio para nada más que no sea la diminuta felicidad que supone saberte cerca, aunque indolente y sin hacer nada más que contemplar el tiempo que pasa.
Por aquí, la felicidad casi siempre consiste en no hacer nada, en leer unos cuantos párrafos que escoges sin pensar mientras saboreo los restos de una taza de café ya frío. Se diría que lejos de ti no hay mañana, que el destino es un trazo rebelde que se empeña en traerte y esconderte, en devolverte a casa y esperar sin saber qué va a pasar.

Todo es posible y no es molestia saberte ausente, a veces. Nada reconforta más que la mano conocida, la palabra impresa y el saberse más allá de determinadas contingencias en las que, quizá por suerte, nos refugiamos para poder volver sin miedo al aburrimiento, al tedio, sin más miedo que a nosotros mismos.

Caen las primeras gotas de nuevo y un charco enorme se dibuja en el suelo del patio. Imagino y te cuento de un velero rezagado horadando el pequeño océano que se forma sobre las baldosas y sonríes por lo económico que es viajar para escapar del trasiego de lo cotidiano, de la manta sobrecogedora que a veces supone la vida. Sumidos en la tarde que vence, buscamos como dos locos la tranquilidad terapéutica que supone el saber que estamos, que estás, que estoy, aunque en nada solo quede un poco de agua mojando las aceras y la mala conciencia.






martes, 25 de febrero de 2014

DIARIO DE UNA MUJER DESPEINADA (II)


"Algunas personas son amables sólo porque no se atreven a ser de otra forma".


Me despertó el zumbido del televisor y un fuerte dolor en las cervicales. Me había quedado dormida y la ventana seguía abierta. Normal, pensé, la había abierto yo cuando salió por la puerta. ¿Quién iba a cerrarla? En casa no queda nadie, y nadie soy yo. El aire de tormenta se coló durante horas y si dejando aquello abierto, de par en par, lo que pretendía era que aquella ligera brisa que mecía la cortina cuando cerró la puerta se llevara cualquier brizna de su presencia en casa, no lo había conseguido Algunas presencias son tan sutiles que se cuelan por todas partes y se convierten en parte del paisaje sin que, a primera vista, puedas siquiera verlas, pero ahí están, para que no olvides quienes son.

El aire de tormenta nunca se lleva nada y sólo me dejó el cuerpo desabrido y un humor de perros. Quise encender la calefacción aunque estuviéramos en julio, en Madrid. Lo que no mata el frío, lo pudre el calor y pensándolo bien, la factura del gas llegaría a su cuenta corriente. Puse la caldera al máximo, me serví una copa y me tumbe en el suelo de la terraza para poder ver las estrellas. Mientras, en el salón, un par de tortugas nadaban en círculos en una pecera que, por primera vez, se convertía en un jacuzzi.


domingo, 7 de julio de 2013

NA RAZIE


"Los que pueden actúan, y los que no pueden, y sufren por ello, escriben".


¡Qué día el de hoy! Esta mañana hemos caminado hasta Tamka desde Pereca, por el camino hemos llamado la atención de los transeúntes que apostados en las paradas del tranvía simulaban no vernos. Ese mirar al frente, a un punto desconocido más allá del Wisla, mientras sus ojos escudriñan tu anatomía y se preguntan dónde se esconde esa electricidad que desprendes. Me ocurre lo mismo y a veces, como queriendo preservarme de la mirada de otros, incluso de la tuya, opto por subirme la bufanda por encima de la nariz. La distancia, en realidad, es muy corta. 
Paramos en el Beldedere, un viejo café reformado que guarda el polvo de las antiguas capitales soviéticas. Tomamos café mientras intentas explicarme que no hace mucho, a unos metros de allí, el terror se vestía de negro y esposas. El “Erotic palace” más moderno de toda la ciudad parece reírse a carcajadas de los muertos de entonces, es el signo de los tiempos.


Al atardecer, el cielo es conmovedor, lo desconocido desaparece y empiezan a esbozarse los primeros sueños. Debemos irnos, aún nos queda un buen tramo para llegar y el frío nos abordará de un modo intenso. Empieza a llover y corremos hasta la próxima estación. Cargas mi bolsa como si fuera de aire y entre risas, sin saber bien de qué nos reímos, nos sentamos en un vagón vacio. Me estiro y apoyo la mejilla contra el cristal frío y húmedo.


Quedan apenas tres días, aunque debieran ser tres semanas, o tres meses, ¿quién sabe? Trabajas intensamente y reescribes sobre lo escrito y mientras lo haces te repito que no eres Penélope, que todo está dicho y debes dejarlo marchar, porque ya no te pertenece, ahora es nuestro, de los demás. Quizá mío un poco más, pero sólo mientras dure el frío de la inesperada nevada de este noviembre.


Una última carrera. Llegamos jadeantes, cansados  pero encantados. La bicicleta duerme en el rellano. Mañana empezaremos de nuevo, lo normalizaremos con la distancia y parte de la magia descansará en no saber si realmente fue un sueño acentuado por la sensación de quietud que tiene esta casa.



domingo, 8 de julio de 2012

A ESTE LADO DEL PARAISO



Balanceo el pie mientras monopoliza una conversación con la que me envuelve. No hay ni un gramo de afectación, ni de falso encantamiento aunque sus dedos jueguen con los míos en varias ocasiones, aunque su mano, excesivamente tibia, rodee mi cuello y de un modo firme lo acaricie aliviando la tensión que arrastro.

No son gestos de seducción que no caben, ni falta que hacen. Lo sabe y lo sé. No existe tensión sexual no resuelta, la resolvimos en su momento, y desde entonces nuestro sexo se compone de compartir un lenguaje común y un modo de hacer tan similar que no es necesario explicar algunas cosas.

No sé cuantas horas hace que nos sentamos frente al mar pero deben ser muchas porque, sin darnos cuenta, pasó de un inmenso aguamarina, a un intenso cian. La gama de azules es inabarcable, casi tanto como tú. 

Tiene que viajar y yo que volver a casa. Dos horas de trayecto por una vía rápida, monótona que me permite pensar en el preciso instante en que nos dimos cuenta que algunas cosas estaban más allá del sabor salado de la piel y de la necesidad de compartir una cotidianeidad abrumadora y desconcertante, incomprensible e irreconciliable con algunas realidades mundanas.

Bebemos agua mineral y el mar, que viaja paralelo con nuestro regreso, se oscurece y desaparece confundido con la línea de un horizonte que se apaga al llegar la media noche. 

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"Él que sobre todas las cosas amaba la muerte, amó y vivió con deliberada y pervertida curiosidad, tal y como ama un enamorado que deliberadamente se reprime ante el prodigioso cuerpo complaciente, dispuesto y tierno de su amada, hasta que no puede soportarlo y entonces se lanza, se arroja, renunciando a todo, ahogándose".


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