Pienso en llamarle. Tengo el firme propósito de hacerlo. De hacerlo de inmediato, sin dejar pasar más tiempo. La vida es breve, me digo. Espero un poco, quiero calmarme y no quiero hacerlo en mitad de la calle. Me distraigo y oigo mal. Pero no voy a esperar más. Hoy llamaré. Llevo demasiado tiempo dejándolo para más tarde. Dudo si aun conservará el mismo número o si lo habrá cambiado. Hace mucho que no sé nada. Me tiembla la mano, me tiemblan las ganas. Igual ha muerto y yo sigo aquí, pensando en marcar su número y no carraspear si descuelga. Mientras voy dándole vueltas, llego a casa, tengo que recoger algunos papeles y volver al trabajo. A mediodía, vuelvo sobre la idea, un poco menos entusiasta que esta mañana, de llamar. Pero llega la noche y no llamo. Me aturullo, me agobio, me canso y me rindo. Sacudo la mano que se me ha dormido y ahora ya sé que hoy tampoco voy a hacerlo. El aire vuelve frío y no me queda batería.
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domingo, 23 de octubre de 2022
domingo, 11 de diciembre de 2016
CHICO
¡Todos se han perdido menos yo! Porque no tengo ningún maldito título universitario con el que lavarme el ojete. Porque acaban de llamarme ''displicente'' en mi puta cara... y he tenido que buscar en el diccionario qué coño significa esto.
Oh boy
Nos cruzamos a la altura de correos. Nos saludamos sin demasiados protocolos. Nos dijimos las
cuatro cosas corrientes, mostramos la sorpresa por ese encuentro tan curioso. Hacía
tiempo que habíamos agotado los temas en común y pocas cosas quedaban ya por
hablar. Un comentario sobre las casualidades, rebatido por otro sobre que las
casualidades no existen, nos llevaron a la falsa promesa de llamarnos con calma,
vernos de nuevo y ponernos al día. Nos despedimos con un apretón de manos que
se prolongó un poco más de lo que marca la indiferencia. Había poca cosa que
contar. El día a día de cada uno no deja de ser una sucesión de hechos vulgares
que nada dicen a quien no los vive y, a veces, ni siquiera a ese. Continué
caminando por la misma acera, acelerando un poco el paso y busqué en el bolsillo la lista de la compra
que Brândusa me había entregado al salir de casa. Leí la nota que recogía todo un baile de productos de limpieza y una
aclaración sobre las marcas blancas a las que no debía ni acercarme. Parecía un
presagio. Me volví y ahí seguía, clavado sobre la acera. Pensé en acercarme,
preguntarle si se encontraba bien, pero fue solo un instante. Sabía que no
había nada que desandar, que mi futuro próximo se encontraba en el supermercado
de la esquina. Nuestra historia común, prohibida entonces, había ocurrido hacía demasiado tiempo y, ahora, cada uno en su sitio vivía lo que le correspondía y, en aquel momento,
lo que me correspondía era comprar las cuatro cosas que aquella mujer, que
procuraba que mi vida no se convirtiera en un auténtico desastre, me había
encargado. Brândusa había sido uno de los pocos aciertos en los últimos años. A
diario me cruzaba con ella en el portal, trabajaba en casa de los del tercero. Por
mi aspecto desastrado, sin afeitar, arrugado y un tanto encorvado, debí de darle
una pena tremenda, la misma que un penco viejo, como dijo. Se ofreció a pasar por casa y echarme una mano por un precio
razonable. Convenimos unas horas a la
semana y, desde entonces, aunque mis hombros siguen en el mismo sitio, mi semblante
ya no es el de un impresentable.
Pagué y salí a la calle. Pensé
en dar un rodeo, bajar unas cuantas manzanas y volver a subir. Con esa vuelta evitaría
otro encuentro fortuito que iba a dejarme mal cuerpo y con la
sensación de que el pasado me pisaba los talones. Empezaba a hacerse tarde pero necesitaba volver al presente. Caminé cargado el peso de la bolsa de la compra. Me puse nervioso. Cambié de dirección, entré en un bar y pedí un café mientras fingía leer el diario. Me
repetí, con el sonido de fondo de las noticias de la mañana, que la memoria es engañosa. Rocé con la punta de los dedos la palma de
la mano y convine, conmigo mismo, que somos mucho más frágiles de lo que
creemos y que el tiempo es una mera convención que no rige en la cabeza.
domingo, 18 de octubre de 2015
INGRAVIDEZ
No hay nada mejor, nada comparable, nada más en este mundo
más allá de vivir
el corto tiempo que se nos ha acordado, estar vivo y saberlo.
William Faulkner
Me he despertado sobre la cuatro. Ese momento en que la noche cerrada avanza hacía el umbral de la madrugada. Me he puesto a leer sin seguir una línea porque me distrae la idea, absurda, de que un día pensé que llegar hasta ti era el sentido de mi vida, de todas las vidas. Inmediatamente me intuyo vetusto. En el televisor reponen por enésima vez “Historias de Filadelfia” y durante un rato la sigo en versión mute. La noche siempre es silenciosa, incluso cuando por el respiradero del baño se cuelan los maullidos espeluznantes de una pelea de gatos. Pienso en subir a la azotea y lanzar un cubo de agua para que los vecinos puedan seguir durmiendo. Pero me da miedo y espero con las llaves en la mano y no sé el tiempo que pasa, pero los gatos han dejado de desgañitarse. Incluso los más pendencieros tienen que ir a dormir cuando llega la alborada de un amanecer que no espabila y que se emborrona con una tormenta que se acerca desde hace dos día. Pienso en llamarle, y me voy al baño con el teléfono, y allí, junto al borde de la bañera, soy consciente de lo estúpido del gesto. Sobre las ruinas de su corta vida ya no puede construirse nada. Pasear entre los cipreses que bordean su adiós infinito, es algo que debe esperar, como el cielo o el infierno. Una condena. Las primeras luces tiemblan sobre el hormigón, el miedo se recoge porque alguien dispuso que debe ser así. Cualquier presagio es inútil sobre la vida.
martes, 27 de enero de 2015
70 ANIVERSARIO DE LA LIBERACIÓN DE AUSCHWITZ
Auschwitz-Birkenau
Art. 1 DECLARACIÓN UNIVERSAL DERECHOS HUMANOS
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
***
Hoy se conmemora el 70 aniversario de la liberación del campo de exterminio de Ausschwitz. Una de las grandes atrocidades de la humanidad. Sin embargo:
Auschwitz-Birkenau
Sierra Leona
Srebrenica
Bosnia-Herzegovina
Siria
Campamentos saharauis
Más de cincuenta años separan unas y otras fotografías. No hemos aprendido nada. En algunos lugares del mundo los Derechos Humanos son papel mojado y el resto lo mira como si todo fuera una película.
lunes, 22 de abril de 2013
MISTERIOS DE MUERTE AZUL
"Porque es una lástima muy grande no decir nunca lo que uno siente".
Me ahogo. Me ahogo
y tú no lo ves. Me ahogo, y duele. Pero no sé decirte si lo que lastima es el
aire que no llega porque los pulmones se cierran al pronunciar tu nombre, cerrojo oxidado que me pudre la garganta y corrompe
el aire.
Me ahogo y no te
importa porque ya no ves nada, ni nada quieres ver. Te convertiste en la compañía ciega
de la que escapo a medias, en la métrica tortuosa y nefasta que
emborrona cualquier cosa.
Y mientras me ahogo,
espero que te ahogues también, y que cualquier posibilidad de sobrevivirme se
convierta en el lastre que te arrastre y te convierta no sólo en ciego sino
también en mudo, o mejor en la sombra de algo olvidado porque sólo así estarás
muerto y no volverás a arrancarme el poco aire que necesito y que te llevas
cuando, sordo, miras a otro lado.
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