martes, 10 de agosto de 2010

NO SOMOS LADY GAGA


Estamos sentadas en una terraza. Hace un calor de morirse, insoportable, tenemos dos paypáis y un aplatane que no lo levanta ni seis cajas de “pharmaton complex” en vena. La anfitriona del encuentro, la que convoca la reunión, no llega. Alguien comienza a nombrar a Judas, empieza a escucharse algún que otro juramento en arameo y un “¿Cómo se le ocurre a estas alturas de julio quedar antes de las siete de la tarde? En la mesa se agolpan botellines de agua, copas de café con hielo y cuatro mojitos a medio consumir. Llevamos esperándola desde hace una hora. Pero es delicada, ha ido mandando mensajes a los móviles cada 10 minutos diciendo que ya llegaba, que sólo se retrasa un poquito.
Por la esquina aparece Ra. Se acerca tranquila, caminando como la que no quiere la cosa. Viene con un bonito vestido vaporoso, cuñas de altura y el pelo recogido en una coleta baja. Nos miramos mientras la vemos acercarse. Un murmullo y un: ““uyyyyyyyyyy, aquí pasa algo" resuena en el ambiente. Los domingos por la tarde Ra acostumbra a aparecer en abarcas, camisetas que le dejan los brazos al aire, vaqueros pitillo y un gigantesco bolso cruzado en bandolera. Nada que ver con las galas que hoy luce.
Se sienta delicadamente, coloca su falda de manera que el aluminio de la silla no le roce los muslos. Cruza las piernas. Con la mano, como si fuera la Reina Sofía, llama al camarero y pide un “té helado”. A estas alturas, el resto parecemos la congregación de las recogidas de la calle. Tenemos una Reina entre nosotras y no nos habíamos dado cuenta. Pero la envidia es muy mala, así que empieza un interrogatorio a lo KGB para desvelar tanto misterio. La chica está entrenada y no nos cuenta que es lo que está pasando. Se hace la misteriosa.
Pero somos infalibles, años de entrenamiento nos avalan. Dos horas más tardes, seiscientas veces escuchada la canción de Lady Gaga, cinco infusiones para ella, doscientas copas para el resto, confiesa: Está embarazada. Ella sonríe, es la única que está sobria, el resto alucinamos y rompemos a reir. Algo nos hemos perdido por el camino, pero qué más da, ya no lo explicará mañana, ahora sólo toca brindar porque ella está contenta, porque se siente como una reina, porque seremos una más y porque donde no llegue ella llegaremos el resto, como en los últimos veinte años. Así que como hoy las demás no podemos ni conducir (la culpa es del gintonic, los mojitos y el cava con el que hemos brindado), lo hará ella, nos llevará a casa y nos dejará a buen recaudo que ahora es una futura mamá responsable y ya empieza a ejercer de ello.
Felicidades Ra.

(*) Escrito una madrugada de julio. Publicado a mediados de agosto, cuando la confirmación es total (ya saben, nunca antes de los tres meses).

Lady GaGa - Just Dance