viernes, 29 de junio de 2012

PINTAMONAS


He pintado una pared de rojo y el resto ha quedado de un blanco impoluto. Recojo los papeles, los plásticos y dejo abierta la ventana para que esta pequeña revolución doméstica se seque y no me asfixie esta noche mientras duermo rendida, después de pasar la noche en vela y haber consumido la tarde rodillo en mano mientras Antonio Machín le ponía la banda sonora a esta chifladura.
Así que, a golpe de cadera, grandes dosis de sudor y agua mineral, redecoro mi vida y, con mi poco dotada voz, una tras otra, canto toda la discografía de Machín. 

Al final será cierto que cuando uno anda enfrascado en lo manual, esquiva lo mental. Ya pienso en si debo alicatar el baño, cambiar el suelo del salón o dedicarme a desmontar los radiadores de la calefacción.

Ahora, después de la ducha reparadora, con el silencio de la noche del viernes, roto únicamente por la pegadiza voz de Machín, que sigue sonando de fondo y el de este teclado que escupe sandeces, voy a por una copa con la que brindaré a mi salud, por mis dificultades para comprender algunas cosas, por mi innegable adicción  a ensimismarme, a escribir cartas que corrijo una y otra vez que terminan en una caja de galletas donde finalmente se mueren.

Pero una es así, y estas alturas de su vida, con lo que lleva llovido, no parece que esa una vaya a convertirse, por arte de birlibirloque, en un ser racional.

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"Cuando Boris se marchó  de repente, llevándose su cuerpo y su voz, yo empecé a flotar". "Mi drama era que mi interior había llegado a tocar el exterior" "La indiferencia era el remedio, pero no sabía encontrarla en mí."