miércoles, 13 de junio de 2012

ÇA A COMMENCÉ COMME ÇA


Si un día te descubres sisando una frase puedes sentirte como un negado idiota incapaz de tener las tuyas propias.  Usurpar el pensamiento de otro para que actúe como palanca, asumiendo el triste  y vergonzante complejo de ser un perfecto idiota incapaz de dar la primera puntada. 

Siso un “Ça a commencé comme ça”, porque la idiocia me acompaña desde hace semanas,  y desde ahí, desde ese pensamiento hurtado, sé que todo comenzó  con una simple intuición y un requiebro para forzar el vómito que llegó. Y ese vómito precedió a la inmensa nausea que me sigue acompañando, compelida por pura necesidad. 

Lo que se rompe se transforma hasta desaparecer La cálida arena de ayer, hoy te hiele los pies. La firmeza en el empeño se convierte en un escurridizo balbuceo que excusa cualquier razón. 

Lo que comenzó sisándole tiempo al tiempo se diluye entre humores corruptos, extraños, y complicidades quebradas que germinan en esa extraña idiocia que me impide comenzar una simple frase si no le siso el pensamiento a alguien.


 

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" La cucaracha con la materia blanca me miraba. No sé si me veía. No sé lo que ve una cucaracha. Pero ella y yo nos mirábamos y tampoco sé lo que una mujer ve. Pero si sus ojos no me veían su existencia me existía - en el mundo primario donde yo había entrado, los seres existen a los otros como forma de verse. Y en ese mundo que yo estaba conociendo, hay varias formas que significan ver: uno mira al otro sin verlo, uno posee al otro, uno come al otro, uno está sólo en un rincón y el otro está allí también: todo eso también significa ver. La cucaracha no me miraba con los ojos sino con el cuerpo".