jueves, 14 de junio de 2012

ALL OF ME


Mientras se lame las pezuñas en un aseo permanente, reposa su anciano cuerpo sobre un ejemplar de “Esto es agua”.  Hace semanas que descansa sobre el libro que, de un modo inexplicable, se ha convertido en un extravagante colchón.

Tiro con suavidad para recuperarlo. Sin embargo, pese al ligero movimiento de sus cuartos traseros, sólo consigo que se arrellane en la cesta y termine por ocultarlo más si cabe. Nunca la literatura descansó bajo más augusto pelaje. Al tercer intento, durante los que soberbiamente me ignora, desisto de mi empeño. 

“Fíjate, no es que no tenga una razón actual para no creer en Dios”. Se lo digo en cuclillas, repitiendo una frase cualquiera mientras le miro sus inertes ojos felinos y espero, en silencio, que Dalhman, gato erudito por capilaridad, replique a una afirmación tan vacía de contenido como esa. Espero, a cambio sólo recibo un bostezo indolente de mortal aburrimiento.

Apoyo las manos en las rodillas para levantarme sin quebrarme y así, con un libro enterrado bajo la tripa de un gato mansurrón, me vadeo entre sentarme y acariciarle el lomo o prepararme una taza de café.



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"No es que las cosas místicas sean las necesariamente validas: la única cosa que es Verdad con V mayúscula, es que ustedes tendrán que decidir cómo es que intentarán ver estas cosas. Esta - y yo lo suscribo- es la libertad que subyace a toda real educación, la de aprender cuando ser "bien adaptados": ustedes tienen que aprender de manera consciente qué es lo que tiene significado y qué es lo que no lo tiene.
Porque aquí encontramos otra verdad más. En la trincheras de la vida diaria adulta no existe eso que llamamos ateismo. No existe tal cosa como no alabar algo. Todos tenemos que alabar. La única elección que tenemos esta en a qué alabar".