lunes, 8 de agosto de 2016

FERRAGOSTO

El arroz calentado está siempre mejor que el recién hecho.
La gran belleza




Al cerrar los ojos la realidad se perdió de vista. Pero aun en mitad de esa ceguera provocada, fría y lejana, le vio esconderse entre la gente, caminando hacia atrás, esbozando una sonrisa un tanto exagerada. Ya no hay nada que hacer, pensó. Todo pasa a ser relativo para que cada uno construya su vida a su manera. El mundo vuelto del revés queda oculto tras los párpados apretados. 
Le imaginó rebuscando en los bolsillos, un gesto aprehendido por mil veces repetidos entre el tintineo de monedas menudas; pero ya no hay cajetilla, ni encendedor, ni la libre elección de matarse como cada uno quiera. La necesidad oculta el deseo y las ganas de vivir de otro modo para morirse cuando a uno le de la gana y no cuando el destino se lo mande. 
Cuatro juncos se mecen tras las dunas. Su boca, esbozada en el silencio, ya no sabe igual y correrse entre sus piernas es solo una lacónica extravagancia.



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