lunes, 22 de agosto de 2016

CORCHO



Cuanto más te disfraces más te parecerás a ti mismo.
José Saramago



Sigo con un corcho en la cabeza. Los conductos de entrada al cerebro siguen despejados, pero los de salida continúan obstruidos por esa masa porosa que impide que nada se escape. Entran cosas, imágenes preciosas de un mundo que me es lejano y que descubro que me gusta más de lo que pensé; pero salir, sale poco. Debe ser por eso que cada día me despierto pronto, con un hambre feroz, y desayuno despacio, tranquila, respirando el aire fresco que ahora entra por el resquicio de la ventana a medio abrir. ¿Qué se puede fraguar en una cabeza que ha dejado de pensar? Seguramente nada o quizá, aunque parezca extraño, ese encantamiento por la nada sea el que permite contemplar las cosas de una manera mucho más limpia y sin afectación.
Debe existir una explicación casi matemática a la rara habilidad de ver y gozar; ver y aprehender; ver y arrinconar. Todo entra y nada sale y las primitivas sensaciones del hambre, el frío, el sueño se templan ante la ausencia de pasiones tristes. 
Posiblemente todo sea un espejismo y ahora corresponda vivir tocando madera para conjurar los buenos augurios a reservar para el invierno. Porque la guerra es la guerra y porque, querido John, el corcho aísla, pero solo un poco. 

Grace.


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