domingo, 4 de noviembre de 2012

VOCACIONES PERRUNAS



En las últimas tres semanas mi nueva vocación se ha revelado y así, con esta nueva y entusiasta disposición natural al paseo perruno, creo haber descubierto mi finalidad en este mundo y en el siguiente también, pasear perros. Puede que algunos piensen que es prosaico, pero se equivocan. Pasear perros requiere mundo, destreza, cierta dosis de mano izquierda y una importante capacidad de improvisación para el diálogo absurdo.

Gracias a mi nueva, aunque tardía vocación, y a la existencia de Satán, me he convertido en la sensación de mi barrio. No hay paseador matinal de perro que no me salude con una agradable sonrisa, gracias al olisqueo de trasero que Satán realiza con mucho afán a todo can, sea macho o hembra, que se cruza en su camino y a mi estoica espera hasta que el ritual anal finaliza. Una novedad en mi vida que nunca había sospechado, la inquietud por el aroma de los cuartos traseros.

Satán es una especie de mopa peluda enana, propiedad de mi Santa que tengo usucapido de momento. Obviamente ese no es su nombre, aunque no tiene porque ser tan obvio, y de hecho mi Santa se lamenta del poco alma que tenemos por rebautizar al chucho con ese “nefasto” apelativo al que ya contesta moviendo el muñoncito que tiene por rabo con una alegría desmedida.

Satán es un perro malote pero simpático y se hace de querer aunque te dé por saco ciento mil; como todos los malotes, supongo. Gracias al perro en cuestión, tengo en mi poder, todo regalado: dos correas extensibles para perro canijo, un manual fotocopiado de “Educar a su perro”, una invitación a café con churros (atando a los perros en la puerta, eso sí),  y el loor a gloria bendita que me llevo encima tras dejar mi paso garboso a las 7:30 a.m ante la puerta de la frutería de mi barrio (de ello el frutero da fe que preparó notarias en su juventud).

Así que a la vista de mi exitazo social de las últimas semanas (del que no descarto obtener una cita a ciegas con el ciego que vende los cupones, cuyo perro descansa a su vera y al que Satán olisquea el culo sin que éste ni pestañee), y el hecho que, en breve, el chucho volverá con su legítima, me pido, en la próxima vida, ser paseadora de perros enanos y macarras, dan mucho juego, amén de poder abrillantarte los zapatos con ellos el día que caen cuatro gotas, de lo cual yo también doy fe.