jueves, 15 de noviembre de 2012

GRAY GEESE


Cuelo el café con un calcetín de media. Maquillo mis ojos, sin un espejo que me guíe, con los restos de un lápiz de kohl que me llevé de una casa de mujeres en Bangladesh. Puede que te parezca repugnante, pero no lo es, la necesidad del que necesita nunca lo es.

Te estrellaste contra el suelo y no volviste a comenzar.

Miro por la ventana, no tengo prisa. El único resquicio que deja el cemento que me rodea, me regala la mejor estampa del día, una bandada de gansos cruzando el cielo, puede que ni siquiera lo sean. No es nada original, lo leí y lo vi imaginando la isla de Manhattan sepultada bajo el peso de una colcha. 

Tienen la panza gris, como los restos de kohl que manchan mis dedos, como el hielo que ahoga el café, como los días de este otoño que no acaba de llegar.