miércoles, 18 de noviembre de 2015

DIARIO 2.0




Abracadabra, pata de cabra.



Casi nadie cambia demasiado a lo largo de la vida. Los años solo son un elemento que agrava o suaviza determinados rasgos de carácter e incluso del comportamiento. Nadie cambia en exceso  y por eso somos capaces de reconocer a otro, en su forma y en sus modos, pese al transcurso del tiempo. Cuando dejamos de hacerlo de una manera absoluta detrás de ese cambio, que nos descuadra del todo, hay alguna circunstancias que trastocó su biografía aunque lo ignoremos. A grandes rasgos somos los mismos para siempre. La alegría y el optimismo siempre estuvieron allí; lo mismo que la angustia y la pesadumbre, aunque a veces no lo parezca porque la falta de experiencia vital, la edad (por mucha o por poca) y la vida, en definitiva, nos preservaba, o multiplica, la intensidad de las emociones, la definición de nuestros propios rasgos, pero nada más. Por eso es difícil esconder, a aquellos que nos conocen, lo que guardamos cada uno de nosotros. 


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