miércoles, 4 de noviembre de 2015

PLEXUS




Me gusta que me busques pero que no estés seguro de que vas a encontrarme.
Antonio Muñoz Molina



Enredó los pies entre los suyos. Buscaba más la cercanía que aplacar el frío que sentía. Esperó un movimiento, aunque fuera ligero, que denotara que todo quedaba olvidado, que aún quedaba un resquicio por el que colarse aunque fuera estrechando las miras que en un principio manejaban. Insistió empujándolos con delicadeza hasta encontrar la curvatura de su espalda. Allí estaba el todo. Recordó los momentos en los que aquella misma cama les había convertido a uno en la prolongación del otro y supo que aquella respiración que ahora se acompasaba con la suya era la que quería tener siempre cerca. Ya no recordaba cómo había empezado la última discusión, algo intrascendente buscado como una excusa para expulsar el veneno que llevaban dentro. Pero ahora, cuando los trastos restaban ardiendo junto a la mesa del salón, buscó su nuca para inspirar su olor y saberse a salvo.  Respiró y en duermevela sintió que sus manos cálidas, como sus pies, se acoplaban entre sus muslos y supo que todo estaba bien.