Liberté, égalité, fraternité
Es imposible negar lo negro y triste de este fin de semana. Los
atentados en París, al lado de casa, no son más que la
sucesión de las aberraciones que tenemos día sí y día también a lo largo y a lo
ancho del planeta. También aquí tuvimos nuestra ración de brutalidad aquel terrible once de marzo. Salvajadas en nombre de un Alá del que se han apropiado unos
cuantos. El imperio del terror y la sinrazón. Pero París es anecdótico, aunque
suene tremendo decirlo. No hace ni una semana, los mismos animales
se llevaban por delante la vida de un buen número de personas, pero aquello pasó en el Líbano. Familias,
personas, que viven en mitad de una zona de conflicto del que poco o nada
pueden apartarse porque, al contrario de lo que sucede en Europa donde uno
puede apearse de aquello en lo que no cree, o le disgusta, allí es lo que hay y
uno no puede moverse si quiere seguir saliendo en la foto que, en este caso, es seguir
con vida.
Nuevamente el imperio del terror, del fanatismo más recalcitrante.
Pero aquellos muertos, que aquí apenas pasó de noticia en la apertura del telediaro, también son nuestros muertos aunque la solidaridad europea, en
este caso, brille por su ausencia.
Este fin de semana es un fin de semana
triste, pero no menos triste que el jueves pasado. Apenas dos días antes de lo
de París, en el sur de Beirut murieron cuarenta personas y fueron heridas más de
cien a manos de dos suicidas yihaidistas. Poco verde, poco rojo se ha
visto desde entonces. Pero somos así,
tan absurdos como asépticos; tan solidarios de salón como olvidadizos; tan
selectivos como acomodaticios. En estos dos días, la bandera francesa tiñe las
redes sociales como muestra de lo anterior. Cada uno puede colorearse de lo que
tenga por conveniente y mostrar su consternación como tenga por oportuno, pero
no nos engañemos, esta marea tricolor va a quedar en nada, como siempre en lo que nace en la red. El próximo viernes pocos pensarán en nada de lo que ha
ocurrido, ni recordarán que en una parte del mundo la personas mueren como chinches a manos de unos cuantos malvados. Y pocos tendrán en cuentas que es necesario comprender que estamos en una guerra absoluta porque, contra lo que algunos puedan pensar, no estamos frente a un choque de religiones, sino ante la monstruosa intención de acabar con la
libertad.
hola anita un duelo inmenso para todos los seres que amamos. bondad, la vida, el amor , respeto y la paz un gran beso y un abrazo andy
ResponderEliminarEl horror es como el juego de los niños, tiene el mismo significado en todos los lugares, es el mismo dolor. El problema, y lo indigno, es que por estos lares no lo entendemos.
ResponderEliminarLo significativo de muchos actos es hacer que los demás
, los otros, prueben su dolor.