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domingo, 3 de junio de 2018

CASI TODOS LOS DÍAS


Decirlo una vez más, escribirlo una vez más. La salud es un delicado equilibrio de deflagraciones. La cabeza que suena, los ojos que duelen, los oídos que pitan, la garganta que escuece, el vientre que sufre...

-Mortal y rosa- Francisco Umbral






Casi todos los días son iguales, uno tras otro hacemos las mismas cosas, pisamos los mismos lugares, tomamos los mismos cafés e incluso nos mofamos de las mismas noticias que se repiten sin que apenas cambien. La vida se menudea en una monotonía que no solo no sorprende sino que, cuando uno rebusca entre el tiempo que tuvo y el poco que le queda, da un vértigo que es difícil de parar. Y en mitad de esta repetición continuada de tiempos, que vinieron para quedarse, buscamos momentos de efímera diferencia que transformen en extraordinario lo que con el paso de los días se ha vuelto corriente y a veces fastidioso. Y en esa búsqueda, trampa mortal casi siempre, se nos complica la vida para terminar en el mismo sitio del que partimos pero con el interior maltrecho como el cuerpo de un adolescente después de una tarde de borrachera. Nadie está a salvo de tanta estupidez, ni de la transitoria locura de la carne ni  del pensamiento difuso.




miércoles, 22 de marzo de 2017

DESCANSA


O salgo a la calle, en el día quieto, 
y el presente es una hoja nueva de árbol, 
con sol frío, y el día resplandece, 
pero el dolor arde en su centro, duele en su entraña.
Francisco Umbral







Dices que ya no te llamo, ni te escribo. Se lo dices a la nada aunque a veces aun puedo escucharte. Y es verdad, ni te llamo, ni te escribo. Todo es tan absolutamente caótico que cuando cae la tarde solo quiero que todo se cubra de silencio, de pensamientos en botellas medio vacías o medio llenas, pero botellas que a fin de cuentas terminarán en el contenedor del reciclado, como mi vida como la tuya. Porque la vida es eso, algo medio lleno y medio vacío que hay que reciclar para no morirse de asco, o de pena, o de puro tedio, en mitad del camino que va hacia ninguna parte. Dices que no te escribo, ni te llamo, y es verdad. Solo busco la manera de que el desconcierto no me tumbe. Ando en esa guerra, por eso ni te llamo ni te escribo. Y qué más da, te contesto cuando insistes en saber el motivo del silencio. Y dices que no sabes si da o no da, que solo sabes que ya no llamo, ni te escribo. 
Que más da, vuelvo a repetir un poco más bajo. Ya se fue la primavera, se fue media vida, y ahora ya no quedan fresas salvajes, ni niños poco muertos que nos salven de la quema del ruido continuo. Ahora ya solo te puedo decir, aunque ya no me oigas, que descanses. Nada más.