martes, 6 de septiembre de 2011

ADIVINANZAS (I)


Pasa él, pasas tú, paso yo...
¿Quién es más tonto de los dos? ......(*)
 

(*) No hay error en el número de opciones.

domingo, 4 de septiembre de 2011

ALUCINA, VECINA


Hasta hace apenas unas horas, consideraba que reunir a los amigos con sus consortes o parejas, después de vacaciones, era una gozada. Ahora pienso que NUNCA más se me ocurrirá organizar o acudir un almuerzo del estilo hasta que por los menos hayan transcurrido cuatro meses desde la vuelta del verano. 

A principios de semana, tras un cruce de mails, quedamos todos convocados a una comida post-vacacional. Esta vez tocaba en mi casa.
Así que, desde primera hora de la mañana, me he dedicado a prepararlo todo. Sobre las 14:00 horas, con la mesa puesta, las viandas listas y la que suscribe esperando al pelotón vermut en mano, han ido llegando los amiguetes y unos acoplados, simples conocidos, de última hora (el personal no se corta un pelo).

Todo parecía ir bien hasta que alguien ha preguntado a los que venían de nuevo ¿Y qué, cómo han ido las vacaciones? Debe ser que algunas cosas no deben preguntarse jamás y menos si no tienes tomada la medida a quien va a contestar. Porque ¿Para qué habrá preguntado nadie nada? En unos minutos, el patio de mi casa, que es particular, se ha convertido en el escenario de  una batalla campal de a dos. Si no fuera porque no creo en la germinación espontánea de las dagas voladoras hubiera dicho que las estaba viendo volar sobre mi testa.
Un partido de tenis entre “ella” –la acoplada- y “él” -el acoplado-. Las cabezas del resto giraban de un lado a otro en función de las barrabasadas que uno decía al otro. Al final del combate, el anuncio del divorcio.

Al parecer, la convivencia del  verano,  Torrevieja,  la suegra, el perro, los nenes (todos de él) han dinamitado su frágil matrimonio. La conmoción ha sido importante, no por la noticia, puesto que en realidad para mí sólo eran unos conocidos, sino porque “ella”, tras el anuncio nada pacífico de su punto y final, se ha levantado de la mesa, ha agarrado furiosamente uno de mis boles favorito, volcando sobre la entrepierna de “él” mi deliciosa sopa de melón y ha salido de mi casa con un portazo tan grande que mi cuadro favorito ha quedado para que lo lleve a urgencias. 

“Él”, sin despeinarse, ha pedido disculpas mientras los demás seguíamos con el labio inferior colgando. Se ha bajado los pantalones, quedado en gallumbos y, con una elegancia digna de un Lord, ha continuado con su sopa de melón mientras exclamaba “esta sopa está de cojones”. Nunca mejor dicho. Glups.

Pimpinela - Olvidame y pega la vuelta

sábado, 3 de septiembre de 2011

RINCONES III


La pared frente a la que nacen, o se transforman, muchas de las cosas que circulan por mi universo izquierdo, tiene un aspecto similar al de la fotografía. ¿Caótico? ¿Desenfocado?. Puede parecerlo pero frente a una pared como esa "AN" se reconcilia con "NA". 

Cara a la pared. Conmigo misma. Sin mirar a nadie, sólo unas deliciosas vistas a lo que quiero ver. Porque mi rincón es mío y nada más. Y, así como Virginia Wolf necesitaba una habitación propia en la que escribir, yo necesito una mesa frente a una pared que recoja lo que quiero, cuando quiero y como lo quiero. Sólo eso. 

Filias y fobias colgadas de un alfiler.

RINCONES II


En plena tormenta, escapando del pedrisco, llegué frente al mar. Me senté y con los restos de una concha escribí frente a mi, a mis pies, tres palabras:

"AH HAR DE"

Tomé la decisión de no permitir que la tempestad que vivía levantara más olas, evitar que las noticias desagradables se perpetuaran y se enquistaran hasta transformarme en la misma canica de hielo que me había llevado hasta allí.
Respiré y con la punta del pie borré cualquier atisbo de desolación. 
Desde entonces, cuando presiento la llegada de la borrasca, me acerco hasta esta playa y me repito, sutilmente, a modo de plegaria, Ah har de.


"Ah har de" es la expresión de un sentimiento, de un sensación frente a lo negativo.

jueves, 1 de septiembre de 2011

RINCONES


Todos conocemos rincones que hacemos nuestros. Éste, la cafetería del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia de Madrid, es mío. Y tuyo, si quieres, también.



© Fotografía AN=NA