domingo, 11 de marzo de 2012

SU LENGUA

Me he levantado tres veces de la silla, encendido y apagado el ordenador otras tantas después de estar frente a la pantalla, con los dedos sobre el teclado, incapaz de pulsar, con cierto sentido, una sola tecla. 
Ayer quería decir muchas cosas y sabía cómo quería decirlas, pero dejé que volaran, y al girar la esquina debieron quedar pegadas en el costado contrario. Hoy, la mitad de aquellas cosas han perdido la poca importancia que pudieron tener hace unas horas.

En la cafetería del Prado hay mucho ruido, pero haber crecido en una familia numerosa hace que, con una facilidad pasmosa, pueda aislarme y no oír nada sin apenas hacer ningún esfuerzo. Así que, sentada en la única mesa libre que encuentro, entre un ruidoso silencio, mientras me quemo la lengua con el café, busco en internet la historia de Doña Isabel de Segura y  Don Diego de Mansilla. Los enamoramientos fatales.  

Le envío un último mensaje y anoto en la agenda: “Degrain”; enviar a Juan el borrador; pagar el IBI; renovar el carnet de conducir, telefonear a Isabel y buscar “Aire de Dylan”
Me escuece el labio.

Ha oscurecido, y sigo mirando la pantalla sin poder escribir nada. Como protector, la  imagen de Doña Isabel de Segura antes de la boda que nunca se dio; la imagen de Doña Isabel agonizando, recostada sobre el pecho de Don Diego de Mansilla. Saltan de una a otra, encadenadas como no podría ser de otra manera. Los enamoramientos fatales. 
Vagando entre reflexiones difusas, intento imaginar, comprender, la soledad de Doña Isabel, la estupidez intemporal en la gestión de los sentimientos, el miedo al albedrío y en lo mucho que me apetecería quemarme la lengua mientras rozo la suya otra vez.

Ayer lo sabía, mientras me mordía el labio. Pero  hoy ya no lo sé, o sí.

-----------------------------------------------------------------

"El tiempo no es algo externo a nosotros, vive en nuestro interior. Sólo nosotros vivimos el pasado, presente y futuro, y el presente es demasiado efímero para que seamos plenamente conscientes de él; sólo después lo recordamos y entonces lo hacemos de forma codificada, si no se disuelve en la amnesia."

Siri Hustvedt -El verano sin hombres-

jueves, 8 de marzo de 2012

MANUAL D'AMORE (IV)


- Y tú, ¿Puedes decirme por qué te pones tan borde?
- Porque te echo de menos.
- No quiero pensar en cómo te pondrás cuando me eches de más.

--------------------------------------------- 
"Érase una vez una mujer que había sido la muchacha que subió a un barco para ir a América y estuvo vomitando todo el viaje, no porque estuviera mareada sino porque estaba embarazada. Cuando lo supo, escribió al muchacho. Todos los días esperaba carta de él, pero la carta no llegaba. Ella trataba de disimular el embarazo para no perder el empleo en el taller de confección donde trabajaba. Semanas antes de que naciera el niño, alguien le dijo que en Polonia mataban a los judíos. «¿Dónde?», preguntaba ella, pero nadie sabía dónde. Dejó de ir a trabajar. No podía levantarse de la cama. Al cabo de una semana, el hijo del dueño del taller fue a verla. Le llevaba comida y le puso un ramo de flores en un jarrón al lado de la cama. Cuando se enteró de que estaba embarazada, llamó a una comadrona. Nació un niño. Un día la muchacha se incorporó en la cama y vio al hijo del dueño mecer al niño al sol. Al cabo de unos meses, ella accedió a casarse con él. Dos años después, tuvo otro hijo".

Nicole Krauss -La historia del amor-

miércoles, 7 de marzo de 2012

BORSALINO CONSTRICTOR


Puede que fuera porque nunca descubrí que bajo la silueta del sombrero se escondía un elefante engullido por una boa. Puede que fuera porque cuando me preguntaron qué me parecía saber que en aquel aparente sombrero habitaban dos animales, contestara que una enorme tontería. Puede que fuera por eso por lo que alguien decidió que carecía de imaginación, que lo mío era tan apegado al suelo que no había nada que hacer.Puede que fuera entonces la primera vez que dejé de contar algunas cosas.

Y puede, sólo puede, que por eso mismo, jamás le explicara,  a quien me interrogó sobre la boa constrictor, que lo que yo veía, en ese dibujo en blanco y negro, que me mostraba una y otra vez, no era más que el sombrero de un señor mayor, muy mayor,  que había llegado con la lluvia y que a su espalda cargaba un enorme saxofón que tocaba por las noches cuando cerraban la puerta de mi habitación.


Desde entonces adolezco de falta de imaginación. Por eso, ante esa ilustración, que aún hoy circula por ahí, sigo pensando que sólo veo un sombrero, un triste sombrero deforme y poco más, aunque sepa que, debajo de ese mal trazado borsalino, vive Harry Mc Gregor que, noche sí y noche también, camina por  Regent Street para terminar sentado en el mismo rincón de siempre, tocando hasta el amanecer melancólicas baladas con regusto a whisky y desamor. 

Es lo que tiene estar apegado a la tierra, al final todo se convierte en humo y lo que opinan los demás, esos que ven boas y elefantes, termina por importarte bastante poco.

Charlie Parker - April In Paris

martes, 6 de marzo de 2012

TELMO Y ODILE DE LAURENT


Cierro la verja despacio. Me espera sentado frente a la puerta, apenas llego a su altura, levanta la oreja y sale brincando camino abajo. Conoce el paraje y la intuición, o el gusto por lo repetido, nos lleva al mismo lugar de siempre.

Aquí somos un poco más libres, pero también más previsibles. Le alcanzo, mientras lanzo una rama seca. Con una alegría contagiosa, camina unos pasos por delante de mí. De vez en cuando, alertado por el sonido de los guijarros contra mis botas, gira la cabeza y, con ojos audaces, mira para volver a caminar. El tuero entre los dientes y el paso ligero.


Me froto las manos. Los guantes han quedado sobre la mesa de la cocina, y por los bolsillos se cuela un frio ralo, cortante. Ha amanecido con viento del norte. Los últimos copos del invierno se abandonan perezosos al vaivén de la corriente que los abandona en esta media llanura. 


Entra saltando el murete, cuarenta centímetros de rocalla que delimita el mundo de los vivos del de los muertos, pero yo no tengo la agilidad de sus cuatro pezuñas y levanto el travesaño que cierra un camino, casi invisible, que el tiempo grabó sobre el suelo marchito.


Olisquea anheloso y, en un gesto casi irreverente, se rasca el lomo contra la piedra bajo la que descansan los restos de Odile de Laurent.

Entre cantos y flores de altura, descanso de mi propia indolencia. Descanso y miro al frente. Telmo se tumba a mis pies y espera. Buen muchacho, pienso, mientras le froto el lomo. 


El silencio, que se extiende desde la cumbre, es denso como el aguanieve que empieza a caer. Espeso como la nada, apenas roto por el rumor del viento que ulula, intermitentemente, como la respiración entrecortada de un niño. El tiempo desaparece.


A lo lejos veo abrirse las contraventanas. Es hora de volver. Rasco la cabeza de Telmo, murmuro un "nos vamos". Él quedará aquí, vagando por un monte intemporal, vigilando la cumbre, retozando entre la nieve, acompañando a Odile de Laurent, y yo volveré, guardaré las botas para pisar, de nuevo, las aceras en busca de certezas cada vez más inciertas.


- Radiohead       Creep

lunes, 5 de marzo de 2012

YO QUIERO PAGAR IMPUESTOS, MUCHOS IMPUESTOS


He comenzado a hacer mi declaración del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas correspondiente al año 2009. Lo llevo mal. Tan mal como cuando me anuncian los recortes municipales y, en consecuencia, la revisión de mis contratos, tan mal como cuando me confirman la suspensión de todo tipo de colaboraciones externas, tan mal como cuando veo que el kilo de tomates ha pasado de 0,95 Euros a 2,50 Euros en menos de una semana, tan mal como cuando leo en la prensa que los chorizos más monumentales que el “oasis” ha gestado en los últimos tiempos, ya pasean en sus coches de varias decenas de miles de euros y que, en breve, surcarán las aguas del Mediterráneo con esos barcos que YO he pagado, que TÚ has pagado y que ELLOS NO han pagado, sólo los han robado. Sí, lo llevo mal, fatal.

Por lo general y, en realidad, también por lo particular, creo en una sociedad en la que todos, absolutamente todos, paguemos nuestros impuestos sin defraudar ni una sola peseta, mejor dicho ni un sólo euro. Pero como aún soy un poco boba, también creo que deberíamos vivir en una sociedad donde los salarios permitieran a la gente vivir y que, el tan manido Salario Mínimo Interprofesional de verdad sirviera para que las necesidades más elementales estuvieran cubiertas.

Y digo que lo creo, y así lo quiero, porque necesitamos una sanidad en condiciones que, no sólo tenga remedio a nuestros males sino que además éste nos llegue a tiempo; que tengamos unos transportes públicos que nos permitan ir de una punta a otra de nuestra ciudad, transbordando de unos medios de transporte a otros, por algo tan módico como es 1,40 Euros en mi ciudad (bastante menos en otras); porque necesitamos guarderías que atiendan a los más pequeños, en horarios compatibles con los laborales y sin que los padre tengan que dejarse la hijuela pagando estos servicios; porqué me gusta ver limpias las aceras por las que camino y que los parterres de la ciudad luzcan frondosos cuando toca; para que al llegar a la vejez uno pueda vivir con dignidad con las prestaciones públicas que le corresponden y no tenga que mendigar socialmente; porque quiero que los niños que acuden a las escuelas públicas tengan bibliotecas bien surtidas, equipos informáticos, profesores de idiomas, buenas escuelas deportivas, comedores en condiciones; porque quiero que existan Servicios Sociales que verdaderamente puedan atender con recursos a los ciudadanos. Por todo eso y por otras cosas, yo pago muy satisfecha mis impuestos y, puedo asegurarles que no son pocos.

Pero me pongo de mala leche, de muy mala leche, cuando llegan días como hoy, en los que me toca sentarme frente a mis papeles, con el gestor al lado, para preparar la declaración del impuesto sobre la renta, y pienso en que ese esfuerzo que algunos hacemos (porque Hacienda, aunque el eslogan diga lo contrario, no somos todos), servirá para que alguien se hinche a robar, para que otros se dediquen a dilapidar, mal gestionar y a dejar nuestro sistema fiscal y de pensiones hecho un Santo Cristo, entre otras cosas.

Por eso, yo que no soy nadie y mis peroratas a nadie interesa, pero pago religiosamente todos y cada uno de los impuestos con los que se me grava, puedo decir que YO QUIERO PAGAR IMPUESTOS, pero quiero pagarlos para que sirvan para lo que he dicho antes, no para que los  "listos" que nos manejan se pongan morados a robar y mal gestionar.

Este país cada vez huele peor y al final siempre pagamos, en todos los sentidos, los mismos.

P.D.(Que nadie se asuste, la mala leche se me irá pasando, poco a poco, sólo volverá cuando retome la lectura del expediente Caso Pretoria o la trama Gürtel, o vea el panorama que tiene por Palma de Mallorca)

Pink Floyd - Money (The Italian Job)