sábado, 24 de octubre de 2015

ENTRE LOS DEDOS




Yo soy una violeta y un aliso, lo frío y lo tibio en la carne.
Pier Paolo Pasolini


La única respuesta que puedo dar es que hablar contigo es una necesidad que no se acaba nunca. Que cuando la vida se atraviesa, convirtiéndose en un páramo silencioso, el recuerdo de tu voz la envenena, haciéndola difícil, estéril, casi hueca. Agua que se pierde inútilmente entre los dedos, nada la puede retener. Intento, una y otra vez, que la tormenta escampe, que se aleje y se estrelle contra cualquier sombra ajena, pero siempre aparecen los monólogos sostenidos en silencio, con los dientes clavados en la almohada, para no perder la costumbre, por si vuelves. Al amanecer todo pasa y las antiguas heridas se transforman en pequeñas cicatrices, casi invisibles, que salvaguardan el recuerdo. Siempre tú, en la otra orilla, bañado de inconstancia, del temor a los labios que pronuncian tu nombre.