Cuanto más larga es la ausencia más duradera es la extrañeza de volver.
Antonio Muñoz Molina
Y tu cuerpo que se separa del mío, entre el silencio de los
que son incapaces de encontrar una palabra que alivie la tristeza que se
desliza sin que nadie la llame. Un vacío infinito se cuela entre tu espalda y
mis piernas dejándonos mudos. Las cortinas se mecen con un soplo que viene de
poniente, ajenas al desánimo de la cercana ausencia. Duermen tus manos, duermen
las mías y, en mitad de la nada, la arena tibia que asfixia cualquier asomo de
vida que intente brotar más allá del marco de la ventana que nos vela.
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