miércoles, 1 de junio de 2016

¡FASCISTA! Y TÚ MÁS

Nunca trates de enseñar a un cerdo a cantar. 
Perderás tu tiempo y fastidiarás al cerdo




Cuando la mañana se presenta plácida y nos regala tiempo, leer la prensa es uno de los mejores ejercicios para convertirse en un absoluto descreído en la información que transmiten. Siempre me pregunto, si los hechos son hechos, y no opinión, ¿Cómo es posible que las versiones de unos y otros sean como el día y la noche? La realidad, objetiva, es que andamos en plena ebullición en la que lo alegal o lo ilegal deja de serlo porque se reviste de discursos que intentan legitimarlos bajo idearios disfrazados  que se llaman progresistas y, bajo ese manto, estamos justificando comportamientos y actitudes que deberían espeluznarnos. La palabra “fascista” recorre todo el arco parlamentario, arrojada contra el contrario como un insulto que lo invalida absolutamente todo y da carta de naturaleza a maneras que son absolutamente intolerables en una democracia.

El barrio de Gracia se quema al atardecer. La excusa, esta vez, el mal llamado “banco expropiado”. La historia es la de siempre, solo que esta vez retorcida hasta el tuétano para que unos pocos acaben enarbolando la bandera de una libertad que ellos se dedican a machacar en cuanto pueden, porque la libertad es la suya pero no la del vecino de al lado. En el caso de marras, el tema tiene enjundia, el local ocupado es de propiedad privada, no es propiedad pública, ni siquiera de ningún banco (lo que tampoco legitimaría en absoluto la ocupación); y es ocupado por unos cuantos que desprecian la propiedad privada, siempre que sea la de otro, claro. Y los que mandan, para evitar que les exploten las calles como ocurrió hace ya un año en Can Vies, se avienen, con una decisión que roza lo delictivo, a abonar un alquiler que pagamos entre todos los contribuyentes y que disfrutan unos pocos que por decisión propia andan al margen de las obligaciones que todos tenemos. Al final, como no puede ser de otro modo, el Ayuntamiento decide dejar de pagar aquel arrendamiento y el propietario, un particular, recuperar por vías legales su local, porque para eso es suyo. Y aquí empieza la quema de contenedores, de vehículos, la rotura de escaparates, los negocios paralizados, las carreras por las calles y el cuestionar la intervención de la policía que debe frenar la violencia de unos cuantos que se creen por encima de la ley. Y los políticos, los que mandan, no solo no condenan la violencia de aquellos que sin legitimación alguna revuelven la vida de un vecindario hasta convertirla en mierda, sino que deslegitiman, dejando a los pies de los caballos, no solo a quienes intentan devolver las cosas al lugar que corresponde sino a todo el resto de ciudadanos que cumple con sus obligaciones y respeta a los demás, incluidos a los que nos convierten la vida en un infierno.

Hace ya algunos años unas cuantas personas nos organizamos en una asociación que gestionaba proyectos encaminados a promover políticas de igualdad. Tuvimos que buscar un local, que se nos cedió por un particular porque el consistorio no disponía de espacio, con Hacienda y las míseras subvenciones que se recibían para hacer frente a cuatro cosas, la vida se convertía en un pesado caminar. Aquel proyecto cerró pese a su espectacular acogida en un barrio de los llamados periféricos. Pero claro, éramos unos cuantos organizados que dedicábamos nuestro tiempo, conocimiento y dinero a un fin común, pero nunca okupamos ni quemamos nada, ni hicimos escrache alguno contra nadie Quizá ese fue el principio del final.

Llevamos meses, años, tolerando la extorsión de algunos colectivos que no merecen absolutamente nada, ni siquiera el respeto que aún les mostramos. Vamos mal, hace mucho que vamos mal y lo que nos espera no es mucho mejor, aunque eso depende del periódico que se lea, la radio que se escuche o el telenoticias que se vea, claro.


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