miércoles, 21 de diciembre de 2016

DÍA RARUNO



Te diría que te fueras al infierno pero 
la verdad es que no te quiero volver a ver.
Mad men






Aquel día empecé a sentir que todo me empachaba. Recurrir a notas que dejaba escritas por cualquier sitio, con intención de no olvidar lo que consideraban que eran hechos objetivos que reforzaban la decisión que había adoptado semanas atrás, me estaban transformando en una especie de escriba, con tintes de notario venido a menos, que solo ponían de manifiesto que los años me estaban convirtiendo en un ser más que extraño. ¿Por qué dejar testimonio de presuntas de objetividades muy poco objetivas? ¿Era una especie de munición que acumulaba para lanzarla contra aquel que perturbara el normal discurrir de mis decisiones? Al final las fui buscando una a una, hice una bola con todas ellas y las tiré al cubo de la basura. Dejé una, solo una, pegada en la puerta de casa que me recordaba que en dos días acababa el plazo del pago voluntario de una multa que recibí por culpa de otro. La puerta de la nevera, el espejo del baño y cualquier otro sitio en el que pudiera pegarse el papel engomado quedaron limpios como una patena.  A partir de ese momento, y salvo por la triste evidencia de que la multa iría incrementándose a base de intereses de demora porque no estaba dispuesta a pagarla, mi vida dio un giro radical. Era ya una mujer liberada del yugo testimonial de las imbecilidades de otros que, poco a poco y sin remedio, me habían convertido en una persona tan imbécil como aquellos a los que les apuntaba la falta objetiva, siempre presunta. Pensé que me merecía una recompensa y, en aquel momento, como no había nada con lo que satisfacer aquella gloria que había hecho que me viniera arriba, anoté en un papelito, también engomado que, al día siguiente y sin demora, me recompensaría del modo lo más extravagante posible por mi decisión de poner fin a mi notarial entrega a la causa de la objetividad mundana, como método paliativo de las injusticias universales que consideraba inflingidas por culpa de otros. Porque eso sí, la culpa siempre es de otro, menos de Don Draper por supuesto.






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