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martes, 8 de noviembre de 2016

DIARIO 2.0


Y ¿conseguiste lo que querías de la vida?
Lo conseguí.
Y ¿que querías?
Llamarme a mí mismo amado, sentirme amado en la Tierra.
Raymond Carver





Tengo cuatro notas personales entre los papeles del trabajo. No es una buena costumbre, siempre pienso que el día menos pensado alguien aparecerá blandiendo un trozo de papel con cuestiones aparentemente ininteligibles pero claras en toda su extensión.  El estado de ánimo se graba en papel y de vez en cuando alguna barbaridad queda por ahí. Este otoño está siendo infinitamente cruel conmigo sin poder apuntar a ningún hecho concreto, lo que lo vuelve mucho más severo. El estado de ánimo se marchó de vacaciones con los últimos días del verano y ahora ya no sé dónde escarbar para encontrar algo que atenúe el descontento de estos días. En cuestión de comparativas, esta estación, habitualmente deliciosa, se parece a un purgatorio porque el que debo transitar antes de llegar, ya no sé si al infierno o a alguna especie de cielo al que van a parar los majaderos. Algunos dicen que estos altibajos son normales, cosa de la química, y puede que sea verdad, aunque no estoy demasiado segura. He empezado una toma de dos en dos de unas pastillitas naturales que se supone me pondrán como un reloj, pero tengo poca confianza. Puede que sea porque hoy hace frío, que las ventanas, por primera vez en muchos meses, se entelan de vaho y que mi cabeza, con sus persistentes cefaleas, no perdona una. No hay tiempo para escribir más cuentos, ni siquiera una nota que perder entre subcarpetas pardas.  



miércoles, 4 de mayo de 2016

DE HÍGADOS Y ENTRAÑAS

Jamás le he vuelto a ver. Oh, sí, claro que lo he visto
en la televisión y en las fotos de los periódicos.
Raymond Carver



En el complejo funcionamiento del cerebro, al que adobamos con años de actitudes aprehendidas, de revoluciones que remueven las entrañas, de gestos que repetimos hasta la saciedad, se producen choques que lo dejan hecho fosfatina. Y de ahí, bajando en una pendiente sin final, hasta el hígado que acaba terriblemente perjudicado. Dicen algunos, creo que los chinos, que es ahí, en el hígado, donde se sitúan las emociones. Es entre ese tejemaneje que se llevan los órganos vitales en el que nacen las preguntas sobre la lealtad, la  confianza, y su voluntario quebranto. El saber provoca dudas y confusión, e incluso la nefasta necesidad de airearlo. Pero algunas revelaciones necesitan mantenerse alejadas de lo público, de lo mundano, sobre todo cuando la necesidad de reserva no encierra mala fe, si así se evitan efectos perversos. El ser humano puede sentirse incómodo conociendo, y frente a esa situación se bambolea la pregunta sobre el alcance del mal que pueden provocar algunas indiscreciones. Guardar silencio no siempre es fácil, distraer el pensamiento para hacer lo que se debe, no lo que se quiere, provoca dolor de cabeza y deja el hígado hecho trizas, salvo que uno sea un verdadero hijo del demonio.