sábado, 25 de octubre de 2014

DIARIO DE UNA MUJER DESPEINADA (VII)


“Con frases pensamos, especulamos, calculamos, imaginamos. 
Con frases declaramos nuestro amor, declaramos la guerra, prestamos juramento. 
Con frases afirmamos nuestro ser". 


El bolígrafo está roído por el extremo. Revuelvo dentro del bolso, aunque sea un rotulador servirá, me niego a que una erupción de saliva de siete leches, por muy oficial que sea el artilugio, termine emborronando lo que la vida ya ha emborronado por sí sola. A lo triste no es necesario añadirle lo sórdido. Firmo. Se acabó. Recorro el pasillo en busca del ascensor. También en su momento recorrí un pasillo pero entonces, aunque sin adornos extravagantes, me pareció luminoso, eterno. Ahora es solo un pasadizo frío y vacío. Necesito un café, o mejor un vodka, pero aun faltan veinte minutos para las diez. Es demasiado pronto o quizá demasiado tarde. Tengo que cortarme el pelo, no lo digo yo, sino el reflejo de la puerta giratoria que dejo a mi espalda mientras le engulle y le veo de refilón, más viejo, más calvo. Es de justicia, aunque no sirva para nada.



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