domingo, 19 de agosto de 2012

ESTACAS Y ORILLAS

 

Clavé un trozo de madera en la orilla del rio Po y esperé a que el agua lo meciera. Lo contemplé sentada sobre unos troncos que la corriente había arrastrado silenciosamente hasta aquel recodo del rio.  

Lo había estado sujetando con fuerza, intentando transmitir a ese trozo de madera inherte, seco, todo lo que tenía en mi interior. Mis pesares, mi sueños, la esperanza en una vida, mi vida. Cerré los ojos para que nada distrajera ese momento, ese gesto que nacía de la necesidad de compartir la angustia que, a fuerza de tiempo,  estaba sedimentando hasta convertirme el alma en un lecho doliente. Sólo cuando me pareció que lo había conseguido, la clavé en la tierra mojada y esperé. Saqué de mi bolsa la cámara de fotos, retraté aquella tontería a los ojos ajenos y respiré.
Hoy tengo una estaca y un lugar. Puedo volver allí cuando quiero. Allí, ese punto indeterminado inmortalizado en una imagen impresa en papel satinado, es el retorno a esa orilla, donde me reencuentro con quien soy, sin disfraces. Allí, en ese lugar impreciso, olvido que el mundo es un lugar hostil.

© Fotografía: naq

Jorge Drexler - Todo se transforma