jueves, 1 de agosto de 2013

COSAS (I)



"Admiramos las cosas por motivos, pero las amamos sin motivos".


Existe una leyenda que dice que en algún lugar del mundo existe una persona que físicamente es idéntica a ti. No sé si es cierto o si no lo es, pero algo debe haber de verdad en esa historia que corre de boca en boca y de continente en continente.
 
Hace algunas semanas, mientras buceaba por la red, encontré una fotografía que me llevó a preguntarme si ese cuento sobre la existencia de nuestros clónicos al otro lado del charco, no sólo se va a extender a nuestro físico sino a toda nuestra vida, a nuestros sitios, a nuestro todo.


A las pruebas me remito. Mira sobre estas líneas, observa con atención la fotografía que aparece al inicio de este texto. Si vives en Madrid, acabarás afirmando que lo que se ve en la imagen es la Gran Vía, si vives en Barcelona, apuntarás más y dirás que lo que ahora contemplas es la Via Laietana, en el cruce con la calle Ferran. Y en ambos casos, por mucho empeño que le pongas, que describas sin ninguna duda lo que se esconde detrás del entoldado y andamio que aparece a la derecha, que afirmes con rotundidad el nombre de la cadena a la que pertenece la cafetería que hay a la espalda de la gente que espera en el semáforo, puedo decirte que estarás equivocado. La fotografía pertenece a una de las calles de Manhattan por la que discurrió la última “Love Parade” de Nueva York. ¿Sorprendido? Yo sí.


El mundo se replica y multiplica. Debe ser por eso que en muchas ocasiones, cuando despierto en cualquier punto del globo, creo hacerlo en casa y, salvo el cepillo de dientes y mi almohada, echo de menos muy pocas cosas al mudarme de ciudad.


Ahora mismo me imagino que al otro lado del cosmos existe una mujer, con las gafas colgadas y el cabello recogido, escribiendo una nota similar a ésta, que la colgará en un blog que ronda por un ciberespacio global y con el que tropezaré el día que menos me lo espere.