domingo, 7 de febrero de 2016

AL FINAL


He comprendido que hay dos verdades, una de las cuales jamás debe ser dicha.
Albert Camus




No hay día que no nos tropecemos con gente que va y viene que no nos interesan para nada, que no nos despiertan la más mínima atención ni lo que hagan ni lo que dejen de hacer. Las redes sociales se han convertido en aquel patio de vecinas de antaño en que cualquiera podía asomarse y vociferar lo que de buena gana le viniera. En poco ha cambiado la cosa, solo que el patio ahora es mayor, más vidrioso, y las cuestiones sobre las que se pronuncia cualquiera parecen tener un mayor calado porque son unos cuantos, a veces muy numerosos, los que contestan a cualquier barbaridad que por ahí aparezca. Por suerte, en lo presencial, por llamarlo de alguna manera, la cosa es distinta, o cuanto menos la existencia de cierto pudor y prudencia que acarrea el cara a cara cierra la boca a muchos necios y atolondrados.
Corren tiempos en los que buscar la cercanía y el contacto de los conocidos es más que necesario. No hay nada que supere una charla frente a una taza de café, un apretón de manos sincero e incluso un paseo sin pretensiones. Evolucionamos como podemos pero aún nos sorprendemos cuando descubrimos que la verdad siempre se encuentra a un palmo de nuestras manos y poco más. Vivir con la explosión de la grandilocuencia de los monstruos que se crean bajo el paraguas del acceso fácil a cualquier cosa, de la necesidad de encontrar héroes, príncipes y princesas que salven del tedio y vanaglorien los egos personales, no es más que un espejismo que mata en lugar de engrandecer nada.
Es hora de replegarse, de volver a casa, a lo que se toca, a reencontrarse con uno mismo para compartir los espacios y los tiempos con la carne, con el aliento y con la poca o mucha mala leche que la vida reparte. Conviene, para sobrevivir, alejarse de las lucecitas engañosas de los letreros de neón que anuncian recodos que, al final, sólo están huecos. Hay que confirmarse en la certeza de que los únicos pasos que valen son los que van hacia delante haciendo sonar la suelas de los zapatos sobre el pavimentos aun cuando esté mojado.