martes, 16 de febrero de 2016

SERPIENTES


No solo tiene los pies en la tierra, todo el cuerpo, como las serpientes.
Iñaki Uriarte.



Al salir de una reunión, y por casualidad, veo al otro lado de la calle a alguien a quien conocí hace ya tiempo. Camina con la vista al frente y los hombros ligeramente encogidos. Por un momento, antes de girar la esquina, se vuelve y, sin gesto alguno, sigue caminando dejando atrás de sí la fatigosa estela del que se sabe cansado. La conciencia a veces pesa y pienso que incluso regala espaldas encogidas. Podía haber levantado el brazo, haberle saludado y roto el muro que el tiempo ha ido forjando, pero la falta de ganas de entrar en frases banas y en explicaciones peregrinas hace que el brazo continúe sujetando la cartera mientras me despido de los que me acompañan. Intento hacer memoria y recordar los años que han pasado desde la última vez que nos vimos, pero no lo recuerdo. La mente es selectiva y la vida más. Cerca de Atocha entro en un bar para tomar un café, hacer una llamada y calentarme el cuerpo. El tiempo pasa y, aunque no cambia nada, todo lo relativiza. Hace frío por aquí y el tren me espera.