domingo, 20 de noviembre de 2016

ENTRE LOS DEDOS


Irán amontonándose las flores
cortadas, en los puestos de las Ramblas,
y silbarán los pájaros -cabrones-
desde los plátanos, mientras que ven volver
la negra humanidad que va a la cama
después de amanecer.

Jaime Gil de Biedma






Concluyes que no hay infierno capaz de quemar la infinitésima esperanza en la vida y, aun así, te mueves rápido, intentado esconderte de la posibilidad de que esa mínimo anhelo anide y modifique con una inesperada contingencia un futuro al que te anclaste desechando, aun no sabes bien el porqué, aquel otro que resguardabas con ojos ciegos. Duele el entender, duele el vacío que deja esa expectativa que, a ratos sí y a ratos también, se escapa entre los huecos de los dedos para enredarse en la memoria.