domingo, 23 de septiembre de 2018

LA BOLSA DE LA COMPRA



Leve es la parte de la vida 
Que como dioses rescatan los poetas. 
El odio y destrucción perduran siempre 
Sordamente en la entraña 


Luís Cernuda





Cada vez se acostaban menos pero las veces que lo hacía casi siempre eran de una manera  concertada, aunque sin decirlo, sin palabras expresas, utilizando gestos, frases que sin decir decían. Con la sábana aun fría cubrían el pudor y era algo extraño, después de tantos años. Se habían visto desnudos cientos de veces, pero se cubrían con un recato incomprensible. Hacían el amor desde la distancia, sin que ni uno ni otro estuviera allí. Él rebuscaba en su cabeza imágenes sugerentes que veía por ahí y le ayudaban a mantener los escasos minutos que duraría aquella coreografía mil veces repetida. Ella se entretenía en un pasado distinto y pensaba en cien cosas a la vez. Se abrazaban y en ese abrazo desmayado el cuerpo se le transformaba dejándola, por un momento, colgada de sí misma. Era cuestión de unos pocos minutos que todo terminara y con la habitación en una penumbra, continuaran su historia de idas y venidas, de listas de compras que se reproducen cada día, de reuniones escolares y vacaciones que no llegaban nunca. Durante semanas fingían normalidad en un proyecto infinito en el que ninguno de los dos estaba seguro si creían. Pasaban los meses mezclando la resignación con las ganas, el amor con el descontento y los días cayendo en un saco que remendaban como podían, con torpeza, y esperando algo que ninguno de los dos sabían lo que era.



No hay comentarios:

Publicar un comentario