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miércoles, 3 de junio de 2015

MI PATRIA



«¿Qué puede haber imprevisto para el que nada ha previsto?»
Paul Valéry



Durante más de veinte años ocupé la habitación que daba al salón, posiblemente la más pequeña, pero la que más luz tenía. El privilegio de encontrarse en mitad de unos y de otros, a merced de la soledad del que a veces se sabe excluido por arriba y por abajo, por ser demasiado pequeña o por ser demasiado mayor, concedía algunas prebendas. Millones de pasos dados en el escaso distribuidor que ordenaba las habitaciones que quedaban al otro lado de la cristalera del comedor. Colas en el baño a primera hora de la mañana que acababan en un revoltillo del que una no siempre salía airosa, litros de cola-cao en una cocina en la que, en dos mesas abatibles, nos distribuíamos legañoso por las mañanas y en plena euforia infantil por las tardes, bajo la batuta de una madre que a veces se desbordaba.
Los fines de semana, daba igual el tiempo que hiciera, los mayores ganaban espacio a costa de un patio que se convertía en una pista de circo que ofrecía a los vecinos de la manzana un espectáculo de críos que imagino que, en más de una ocasión, debió dejarles sin siesta. Las casas más próximas fueron murallas que nos protegían de una ciudad que escondía cien mil peligros a la vuelta cada equina. A fin de cuentas, en nuestro castillo habitaban tantas princesas como dedos hay en una mano. Allí pasé mi infancia, parte de mi juventud y aun hoy, cuando poco queda de todo aquello, voy con frecuencia porque mi madre sigue haciéndose fuerte en el castillo. 
Sin embargo, ahora, en mi propia medianía, la vida me devuelve a casa de unos padres de los que ya sólo quedan la mitad, y todo me resulta extraño. Las habitaciones, el patio, la cocina y el salón son solo las rémoras de un tiempo que existió y que a veces, sin quererlo, se va difuminando y solo deja el recuerdo de sensaciones que llegas a tocar con las puntas de unos dedos que andan ya encallecidos. Lo común y cercano se vuelve distante. Es extraño.

Decía Rilke que la verdadera patria del hombre es la infancia. A buen seguro que sí. Debe ser por eso que mientras voy de habitación en habitación, reconociendo algunos olores de antes, siento una cierta nostalgia que tal vez se parece a la del emigrante que un día salió de casa en busca de su propio futuro, ennobleciéndola en su memoria, y que al volver a su tierra chica apenas reconoce nada.



martes, 14 de abril de 2015

TUS PASOS DESNUDOS


Nunca hay que dejarse dominar, incluso cuando crees que el otro sabe lo que más te conviene.
Paul Auster

La vida le había puesto en la tesitura de tener que escoger entre hacer lo que quería o hacer lo que debía, decía. Recuerdo la última vez que nos vimos. Era noviembre. Como en una mala película, nos despedimos bajo la luz escarchada de una farola con un leve beso y un “que tengas suerte”.

Caminé escuchando el sonido de mis pasos para acallar los gemidos de un juicio endiablado y aceleré para que resonaran con insistencia en una noche muda. Conté los tres mil quinientos sesenta y tres pasos que separaban aquella esquina del garaje en el que había dejado el coche, y memoricé cada uno de los gestos hechos desde que le dejé caminando en sentido contrario al mío. Así es la vida, elegir y apropiarse de las elecciones que otro hace por ti, inapelables, mil veces malditas.
Una película acuosa cubría el asfalto y las luces de los faros proyectaban frente a mí, sombríos espectros en una noche calma que había dejado de existir para convertirse en el principio de la nada.

Escoger entre el querer y el deber. Una disculpa para justificar el miedo a un mañana incierto. Al llegar a casa, borré cualquier vestigio de su existencia. Vacié el armario, su estante, tiré su almohada, y mientras llenaba una bolsa de plástico con las pocas cosas que conformaban su rutina conmigo, abracé por última vez su efímera existencia. El olor a almizcle llenó la estancia durante semanas.

***

"Podemos tomar un café o pasear si quiere. Esta es una ciudad impresionante", dijo sin demasiado convencimiento. Su pereza en el trato me permitió despedirla hasta la mañana siguiente. Daría una vuelta por la ciudad, intentaría descubrir algo para contar cuando volviera a casa. Su cara de alivio, de casi agradecimiento, me divirtió. La despedí encajando su mano menuda y sentí el peso de los años.

Caminé dejando que fueran los pies quienes escogieran el camino. Cuando se pierde la prisa, cuando nadie espera, cualquier lugar es bueno. El Stare Mesto, con su infinita nostalgia, me entregó unas calles de bruma serena, de recuerdos lejanos.  Escribir sobre el fracaso, sobre la nada, como si la nada fuera algo excepcional y no el resultado del común de nuestras vidas. ¿Para qué estaba allí? ¿Por qué allí?

Al llegar a Parizska, una tristeza desconocida cobró forma. Puede percibir una presencia invisible que me condujo al viejo cementerio judío. Caminé por el pasado, sobrecogido, evocando el recuerdo de un ayer que casi no fue. Pude percibir que la lluvia que empezaba a caer traía con ella un penetrante olor a almizcle que me recordó que mi vida era infinita, que todo silencio tiende a romperse y que yo debía volver, desandar los tres mil quinientos sesenta y tres pasos que dejamos atrás.


***

Tus pasos,
por el silencio creados,
avanzan santa, lentamente,
hacia el lecho de mi impaciente vigilar,
fríos, callados.

Queridos,
adorados pasos mudos,
que sin oír mis ansias adivinan,
¡Qué regalos celestes se encaminan
hacia mi lecho
en unos pies desnudos.

Si, para mi sueño obseso,
tu bocas haces avanzar
yo preparo el paladar
al alimento de un beso.

No lo apresures,
ten calma,
dulzura de ser no siendo,
que de esperar voy viviendo
y son tus pasos mi alma. 
-Paul Valéry-



domingo, 23 de febrero de 2014

JE SUIS "SHANDY", MON AMOUR

"El infinito, querido, es bien poca cosa".


En uno de los capítulos de “Historia abreviada de la literatura portátil”, Enrique Vila-Matas relata como la pintora y escultora Georgia O’Keefe, en el transcurso de una cena en Port Actif, se entusiasmó al escuchar hablar a alguno de los comensales que componían aquella extravagante velada de máquinas solteras, de ficciones y futuras conspiraciones; y ejerciendo como una verdadera mujer fatal de su época, expuso su teoría sobre la “sexualidad extrema”. Aquella mujer, según recoge el relato, sentenció que el amor debía ser desviado de su finalidad genética, de la reproducción, para no buscar más que la autosatisfacción.

Han pasado ya algunos años de aquella imaginaria reunión en la costa oriental de África. Aquella Sociedad secreta y portátil ha quedado relegada a las páginas de uno de los libros de Vila-Matas. Sin embargo, hay algo que no se ha agotado en el tiempo, y es aquella idea "fatal" de la “sexualidad extrema”, de la necesidad de desligar el placer de una sexualidad desinhibida de la perpetuación de la especie.

Si en algo nos diferenciamos de los animales es en la capacidad de razonar, crear, tener emociones y de darles a éstas una dimensión completa en la vida de cada uno. Sería muy sencillo limitar el acto sexual a la cuestión reproductiva, a la perpetuación de la prole sin ninguna otra finalidad, como cualquier especie animal. Pero sería absolutamente reduccionista y falso, porque la gran verdad es que la naturaleza, además de un instinto reproductivo, nos ha dado algunas cosas más, entre ellas la capacidad de la emoción, del sentimiento y la posibilidad de la búsqueda del placer por el placer en un acto tan físico siempre,  como emotivo en otras ocasiones.

Puede que mi concepción, y la de muchas mujeres que conozco, sea la de un sexualidad también extrema, en ese sentido, y por eso me produzca cierta grima cuando escucho algunos discursos sobre el sexo, la maternidad y las mujeres que solo son mujeres completas después de haber traído al mundo un hijo, biológico, por supuesto (nuestro mismísimo Ministro de Justicia, Sr. Gallardón, así lo dijo, para vergüenza de muchas). 

Por suerte, hoy día, tenemos la inmensa suerte de poder disfrutar de nuestros cuerpos y de los que nos acompañan en un momento dado, sin tener que buscar más si no queremos.

PD. No se pierdan el enlace sobre la declaraciones del Ministro de Justicia, Sr. Gallardón.