domingo, 4 de abril de 2010

DE LOS JUECES MEDIÁTICOS Y OTRAS COSITAS


Titular en la prensa “Serrano denuncia un genocidio de hombres. El juez dice que muchos hombres se suicidan por denuncias falsas de mujeres”.

Para quien no sepa quien es Serrano, decir que Francisco Serrano es el Magistrado del Juzgado de Primera Instancia núm. 7 de Sevilla, un Jugado con competencias exclusivas en procedimientos de familia.

Esa es una de las muchas cosas buenas que tiene Sevilla, no me refiero a Paco Serrano (que como persona también lo es), sino a contar con una Jurisdicción propia en Familia. Debo decir, además, que la Sentencias que emanan de aquellos Juzgados y de su Audiencia Provincial suelen ser bastante novedosas en el tratamiento de situaciones altamente controvertidas en materia de Derecho de Familia. No voy a quitar méritos a nadie pero desde luego, en ese aspecto hay muchas cosas que se le deben agradecer a Paco Serrano. Sin embargo, reconozco que D. Francisco no es santo de mi devoción. Lo reconozco y lo digo abiertamente. No me gustan los Jueces mediáticos.

Quienes me conocen saben cual es mi posición en los temas de igualdad y también en como creo deben llevarse a cabo la resolución de los contenciosos en materia de derecho de familia. Por eso mismo no me gustan las declaraciones de Francisco Serrano, entre otras cosas porque no son ciertas.

No se está produciendo ningún genocidio, si bien es cierto que se están produciendo situaciones muy injustas y con unas consecuencias terribles para quienes las sufren. Me consta la sensibilidad de este Magistrado con las víctimas de violencia y me consta que no le tiembla el pulso frente a la hora de adoptar medidas que protejan los intereses de los más desprotegidos y necesitados, sea una mujer, un hombre y sobre todo, niños.

Debo decir que ignoro si existen muchos o pocos suicidios entre los hombres que han sido denunciados por sus esposas, ex –esposas, compañeras, amantes, etc. O si los suicidios en cuestión, esos a los que remite Serrano se producen una vez tienen una Sentencia en un procedimiento de familia. Lo mismo que ignoro si muchas mujeres se suicidan por los mismos motivos.
Lo ignoro y no me interesa, todo y que a él, al Magistrado Serrano, si que debería de interesarle y mucho pues el dispone de medios para evitar situaciones radicalmente injustas.

Me explicaré. Cuando una persona es injustamente tratada por las instituciones a partir de la falsa denuncia interpuesta por una mujer (creo que esta es la premisa de la que parte Serrano), significa que el sistema, entre ellos, el Judicial ha fallado estrepitosamente. Si se sabe que existen denuncias falsas (que las hay), si se sabe que hay denuncias para precipitar la adopción de unas medidas civiles (custodia, domicilio, alimentos, etc.) en los procedimientos de familia, lo que debe hacerse es perseguir, hasta sus últimas consecuencias, a las personas (mujeres, en el caso que indica Serrano), que interpusieron tal denuncia. 

No debemos olvidar que una denuncia no es más que la puesta en conocimiento de unos hechos ante las personas que tienen obligación de investigar los hechos denunciados, y esta obligación de investigar la tiene entre otros el Juzgado de Instrucción que corresponda. Y el que finalmente tienen la obligación de determinar si los hechos denunciados merecen ser castigados o no, es el Juez de lo Penal. A donde quiero llegar pues a dejar bien clarito que son los propios Jueces los que, con conocimiento de las Causas, deben pronunciarse sobre la falsedad o no de las denuncias que caen en sus manos y son los que deben promover, sin que les tiemble el pulso, las famosas denuncias falsas.
Por eso creo que, en el denominado “genocidio” de Serrano, algo tendrá que ver la posición que desde la Judicatura se adopta para el tratamiento de todas estas cuestiones.

No nos queda otra que pedirle a la Judicatura que deje de cogérsela con papel de fumar, que reconozca la existencia de cientos de denuncias que no deberían llegar nunca a los Juzgados de Violencia sobre la Mujer (una jurisdicción bochornosa por muy constitucional que haya sido declarada), sino que deberían tramitarse por la vía penal ordinaria (si los hechos son constitutivos de infracción penal) y que son ellos los que deben evitar, con la persecución implacable de las falsas denuncias, el “genocidio” de Serrano.
Y por último, la justicia se imparte con excelentes  y exquisitas resoluciones judiciales no con titulares de prensa.

sábado, 3 de abril de 2010

COMO SER UN GILIPOLLAS dedicado a Arnaldo Otegui


Dentro de mis muchas manías y rarezas está el no leer los suplementos semanales de los periódicos cuando los compro, jamás. Acostumbro a apilarlos sobre la mesa del estudio hasta que consigo que la montaña sea lo suficientemente alta como para que en casa me amenacen con quemarlos si no los retiro de ahí. El motivo de la rareza no es otro que me gusta leerlos con tiempo.

El recorrido siempre es el mismo, tras una semana de descanso sobre la mesa, pasan a ser leídos en alguno de los siguientes momentos: mientras tomo el primer café de la mañana después de ojear el periódico del día, en las interminables esperas que por motivos laborales sufro, o cuando me traslado de un lugar a otro en metro o en autobús. Da igual, cualquier sitio y momento me vale, mientras no sea el día de su publicación

Por lo general, no duran más allá de un café, una espera o un trayecto. Tras ese peregrinaje, pasan a ocupar su espacio vital en cualquier papelera pública.

Sin embargo de vez en cuando, vuelven a mi bolso, se llenan de post-it con anotaciones que sólo entendería un loco y yo misma.

Revuelvo en mi bolso buscando una servilleta de papel en la que apunté un número de teléfono. Por aquello de que lo llevo a rebosar, mientras intento que nada salga de dentro, tropiezo con uno de los suplementos que digo.

Lo hojeo para saber porque motivo lo guardé y ahora lo veo, un artículo titulado “Drama más allá de la ideología”. Habla del cabrón de Arnaldo Otegui, sí he dicho cabrón. Lo digo y lo mantengo. Al parecer el sujeto en cuestión (me niego a denominarlo hombre, persona, ni tan siquiera tío), ha solicitado permiso a Instituciones Penitenciarias para poder salir de la prisión y cuidar a su hija de catorce años que, al parecer (ya vayan ustedes a saber), dice tiene un trastorno psicológico “leve”.
Me da la risa, tener por padre a alguien como Otegui es como para tener un trastorno psicológico grave. Pero vaya usted a saber, por mis venas sólo corre sangre roja y no la sangre de un terrorista metido a politicastro de tres al cuarto.

En el informe psicológico que se ha acompañado a la Audiencia Nacional para solicitar dice “Teniendo en cuenta que la adolescencia se considera una etapa evolutiva clave en la construcción de la identidad, se hace evidente la importancia de la presencia de la figura paterna”. No tengo dudas de lo anterior, pero sólo para el caso que la figura paterna en cuestión sea una persona con habilidades parentales que sepa transmitir valores fundamentales como son el respeto al derecho a la vida, la libertad de expresión, el respeto por los demás, la empatía, el valor del trabajo bien hecho, etc. Pero dudo mucho que todo eso pueda transmitirlo alguien a quien poner una bomba lapa bajo un coche, descerrajarle un tiro en la nuca al vecino que piensa distinto, enviar un paquete bomba, le parezcan medios normales y naturales para abanderar una causa cualquiera.

Creo que somos responsables de nuestras propias actuaciones y que no podemos responder de los actos de los demás. Y también creo que nuestros actos tienen trascendencia sobre terceros y que, en ocasiones, estás son brutales.
En el caso de Arnaldo Otegui, el debe bregar con las consecuencia que sus actos conllevan no sólo para él, sino para su propia familia. Su hija todavía tiene la posibilidad de visitarle en la prisión de Navalcarnero si le place, pero las hijas de los muertos por aquellos a los que Otegui enaltece y de cuya banda ha formado parte, no tienen más que mirar la lápida de un cementerio. Ellas sí que han tenido que fastidiarse y soportar las consecuencias de unos asesinos y tarados que por mor de unos intereses absolutamente gilipollescos, de unas posturas radicales que no me merecen respeto alguno, les han girado la vida.

Me guardo el suplemento. Creo que lo voy a volver a leerlo porque los chistes, aunque sean malos, siempre me provocan la risa y la estupidez de Arnaldo Otegui me provoca la risa hasta que sube la bilis.

(*) Fotografía del atentado a la casa cuartel de la Guardia Civil en Vic el año 1991

viernes, 2 de abril de 2010

PECES OKI ON MY MIND


Me pide que le describa lo que veo por la ventana mientras le escribo. Dice que ansía leerme a diario. Me imagina en un sitio maravilloso, con unas envidiables vistas a la ciudad, pero estoy en un apartamento diáfano, treinta metros cuadrados, donde no hay espacio para nada que sea accesorio. Sólo tengo una ventana, da al patio interior y la vista es la colada que tiende el viejo que vive en el piso de enfrente. No entra ni un rayo de sol, el olor ha cerrado es inevitable, el aire dejo de correr hace mil años, cuando se elevó el muro que soporta el peso del edificio de al lado. Llevamos meses escribiéndonos. Se ha convertido en mi vida, no tengo nada más, vivo para escribirle recreando una vida que no tengo. 
Quiere que nos veamos. Me imagina bonita, preciosa, inteligente y con una existencia intensa. Así se lo he hecho creer. Dice que me imagina, me ve, en el rostro de cada desconocida con la que se cruza, y me pide que le explique si me ocurre lo mismo, si intento imaginarle entre los cientos de personas con las que me cruzo cada día, cuando voy a la oficina. Yo no salgo de casa desde hace años. La agorafobia me ha encadenado a vivir en estos metros cuadrados que odio como si fueran el mismísimo infierno. Mi ventana al mundo es una pantalla. 
Quiere una fotografía. Me duele la cabeza, siento una enorme presión que me marea. No puede estar más tiempo sin abrazarme, le parece increíble haber podido vivir hasta ahora sin mí. ¿Sin mí? si supiera la verdad no lo diría. He engendrado un bello fantasma que me está aniquilando. Me descentro, me falta el aire. Quiere poder ver cada día ese cabello pelirrojo que le dije poseer, besar a diario, aunque no sea más que un trozo de papel, ese rostro que describí inventando a base de intuirle. Yo ya no sé cómo soy, dejé de mirarme en el espejo cuando mi sobrepeso excedió lo excesivo y mi rostro dejó de parecerme medianamente humano. No me conozco, no soy esa, no soy yo, no soy nadie. No quiero seguir viviendo. Ni en mí, ni en ella. Desaparecería si llegara a saber quien soy, como soy, lo que de verdad soy. Por eso no tengo fuerzas para desvelar la gran mentira que le he entregado. Desaparecer. Me he convertido en un demonio al que hay que exterminar. Ese debe ser mi fin, la expiación mortal de mi propia existencia.


Escribo una última nota: “Querido. Esta es la última nota que recibirás de mí. Te quise. Cuídate.”

Peces oki llevan meses nadando en círculo en mi cabeza, un estanco putrefacto que detesto y en el que me sumerjo en busca de falsas gentes que creía habitaban en mi. Dicen que los peces de colores atraen a la mala suerte La mala suerte soy yo, hoy sé que ha llegado mi fin.

jueves, 1 de abril de 2010

LA ELEGANCIA DEL ERIZO (Fragmento) -Muriel Barbery-



¿Cómo transcurre pues la vida? Día tras día, nos esforzamos valerosamente por representar nuestro papel en esta comedia fantasma. Como primates que somos, lo esencial de nuestra actividad consiste en mantener y cuidar nuestro territorio de manera que éste nos porteja y halague, en subir o bajar en la escalera jerárquica de la tribu y en fornicar de cuantas formas podamos -aunque no fuera más que en fantasía- tanto por el placer como por la descendencia prometida. Para ello, empleamos una parte nada desdeñable de nuestra energía en intimidar o seducir, pues ambas estrategias bastan para asegurar la conquista territorial, jerárquica y sexual que anima nuestro conatus. Pero nada de todo ello lo percibe nuestra conciencia. Hablamos de amor, del bien y del mal, de filosofía y de civilización, y nos agarramos a esos iconos respetables como la garrapata a su perrazo caliente.




SUPERHEROES


Abre el monedero. Saca las monedas que hay en el interior y empieza a contar en voz baja. Pasa por delante del colmado caminando muy rápido, ojala no la vea pasar. Hace más de un mes que no paga la compra, las facturas se acumulan sobre la cómoda en sobres que no quiere ni abrir, no quiere verlas, no puede pagarlas. El poco dinero se va en lo de siempre, se va por la nariz. Esta semana la situación continuará en una carrera imparable hacía el infierno. Sigue caminando. Tiene que recoger al niño, saldrá en unos minutos. Tiene que llegar pronto, intentar alegrarse, poner buena cara, no quiere que se preocupe, para eso ya está ella.
Se envuelve con el abrigo y cruza los brazos sobre el pecho, quizás así deje de temblar. Lo hace con fuerza, no es el frio lo que le provoca los escalofríos, es sólo el miedo. En la puerta de la escuela, los padres esperan a sus hijos. El bullicio de las risas, los niños que corren jugando a ser héroes de cómic. Ahí está, es tan pequeño aún Quizá debería dejarlo corretear un rato más, que disfrute de estos momentos. Tiene que contarle.
Se para a unos metros de distancia, quiere verle saltar, reírse a carcajadas y no quiere que él vea como ella se descompone por dentro. Tiene que contarle.
El pequeño duerme, ha cenado un vaso de leche y unas galletas reblandecidas. No hay más. Le ha explicado que esa es la cena de los famosos superhéroes, que así están fuertes y grandotes. Qué suerte que tiene, cenar algo tan rico. Tiene que contarle y se le rompe el alma.
Empieza a doblar la ropa con cuidado, tres pantalones, unas camisetas, los jerséis,una fotografía y un sobre cerrado en el que ha escrito un nombre. Acerca la cara y la lana le devuelve el olor de su hijo. Coloca una pieza sobre la otra, lo hace de manera mecánica. ¿Tendrá frio?, debería colocar más ropa de abrigo. Se sienta en la cama porque el fracaso ha tirado de ella hasta convertirla en una ruina. Cierra los ojos. Mañana se lo tiene que decir. Antes de desayunar. Una aventura, como la de los superhéroes, con otros niños en una casa nueva, con una familia distinta, para que aprenda cosas que ella no sabe. Sólo por un tiempo, poquito, mientras mamá se pone bien y él aprende muchas cosas. A mediodía habrán venido por él y no quiere que sufra, para eso ya está ella. 
Mañana ella también irá a vivir una aventura, esta vez sin retorno.

yann tiersen - le moulin