viernes, 2 de abril de 2010

PECES OKI ON MY MIND


Me pide que le describa lo que veo por la ventana mientras le escribo. Dice que ansía leerme a diario. Me imagina en un sitio maravilloso, con unas envidiables vistas a la ciudad, pero estoy en un apartamento diáfano, treinta metros cuadrados, donde no hay espacio para nada que sea accesorio. Sólo tengo una ventana, da al patio interior y la vista es la colada que tiende el viejo que vive en el piso de enfrente. No entra ni un rayo de sol, el olor ha cerrado es inevitable, el aire dejo de correr hace mil años, cuando se elevó el muro que soporta el peso del edificio de al lado. Llevamos meses escribiéndonos. Se ha convertido en mi vida, no tengo nada más, vivo para escribirle recreando una vida que no tengo. 
Quiere que nos veamos. Me imagina bonita, preciosa, inteligente y con una existencia intensa. Así se lo he hecho creer. Dice que me imagina, me ve, en el rostro de cada desconocida con la que se cruza, y me pide que le explique si me ocurre lo mismo, si intento imaginarle entre los cientos de personas con las que me cruzo cada día, cuando voy a la oficina. Yo no salgo de casa desde hace años. La agorafobia me ha encadenado a vivir en estos metros cuadrados que odio como si fueran el mismísimo infierno. Mi ventana al mundo es una pantalla. 
Quiere una fotografía. Me duele la cabeza, siento una enorme presión que me marea. No puede estar más tiempo sin abrazarme, le parece increíble haber podido vivir hasta ahora sin mí. ¿Sin mí? si supiera la verdad no lo diría. He engendrado un bello fantasma que me está aniquilando. Me descentro, me falta el aire. Quiere poder ver cada día ese cabello pelirrojo que le dije poseer, besar a diario, aunque no sea más que un trozo de papel, ese rostro que describí inventando a base de intuirle. Yo ya no sé cómo soy, dejé de mirarme en el espejo cuando mi sobrepeso excedió lo excesivo y mi rostro dejó de parecerme medianamente humano. No me conozco, no soy esa, no soy yo, no soy nadie. No quiero seguir viviendo. Ni en mí, ni en ella. Desaparecería si llegara a saber quien soy, como soy, lo que de verdad soy. Por eso no tengo fuerzas para desvelar la gran mentira que le he entregado. Desaparecer. Me he convertido en un demonio al que hay que exterminar. Ese debe ser mi fin, la expiación mortal de mi propia existencia.


Escribo una última nota: “Querido. Esta es la última nota que recibirás de mí. Te quise. Cuídate.”

Peces oki llevan meses nadando en círculo en mi cabeza, un estanco putrefacto que detesto y en el que me sumerjo en busca de falsas gentes que creía habitaban en mi. Dicen que los peces de colores atraen a la mala suerte La mala suerte soy yo, hoy sé que ha llegado mi fin.