sábado, 3 de abril de 2010

COMO SER UN GILIPOLLAS dedicado a Arnaldo Otegui


Dentro de mis muchas manías y rarezas está el no leer los suplementos semanales de los periódicos cuando los compro, jamás. Acostumbro a apilarlos sobre la mesa del estudio hasta que consigo que la montaña sea lo suficientemente alta como para que en casa me amenacen con quemarlos si no los retiro de ahí. El motivo de la rareza no es otro que me gusta leerlos con tiempo.

El recorrido siempre es el mismo, tras una semana de descanso sobre la mesa, pasan a ser leídos en alguno de los siguientes momentos: mientras tomo el primer café de la mañana después de ojear el periódico del día, en las interminables esperas que por motivos laborales sufro, o cuando me traslado de un lugar a otro en metro o en autobús. Da igual, cualquier sitio y momento me vale, mientras no sea el día de su publicación

Por lo general, no duran más allá de un café, una espera o un trayecto. Tras ese peregrinaje, pasan a ocupar su espacio vital en cualquier papelera pública.

Sin embargo de vez en cuando, vuelven a mi bolso, se llenan de post-it con anotaciones que sólo entendería un loco y yo misma.

Revuelvo en mi bolso buscando una servilleta de papel en la que apunté un número de teléfono. Por aquello de que lo llevo a rebosar, mientras intento que nada salga de dentro, tropiezo con uno de los suplementos que digo.

Lo hojeo para saber porque motivo lo guardé y ahora lo veo, un artículo titulado “Drama más allá de la ideología”. Habla del cabrón de Arnaldo Otegui, sí he dicho cabrón. Lo digo y lo mantengo. Al parecer el sujeto en cuestión (me niego a denominarlo hombre, persona, ni tan siquiera tío), ha solicitado permiso a Instituciones Penitenciarias para poder salir de la prisión y cuidar a su hija de catorce años que, al parecer (ya vayan ustedes a saber), dice tiene un trastorno psicológico “leve”.
Me da la risa, tener por padre a alguien como Otegui es como para tener un trastorno psicológico grave. Pero vaya usted a saber, por mis venas sólo corre sangre roja y no la sangre de un terrorista metido a politicastro de tres al cuarto.

En el informe psicológico que se ha acompañado a la Audiencia Nacional para solicitar dice “Teniendo en cuenta que la adolescencia se considera una etapa evolutiva clave en la construcción de la identidad, se hace evidente la importancia de la presencia de la figura paterna”. No tengo dudas de lo anterior, pero sólo para el caso que la figura paterna en cuestión sea una persona con habilidades parentales que sepa transmitir valores fundamentales como son el respeto al derecho a la vida, la libertad de expresión, el respeto por los demás, la empatía, el valor del trabajo bien hecho, etc. Pero dudo mucho que todo eso pueda transmitirlo alguien a quien poner una bomba lapa bajo un coche, descerrajarle un tiro en la nuca al vecino que piensa distinto, enviar un paquete bomba, le parezcan medios normales y naturales para abanderar una causa cualquiera.

Creo que somos responsables de nuestras propias actuaciones y que no podemos responder de los actos de los demás. Y también creo que nuestros actos tienen trascendencia sobre terceros y que, en ocasiones, estás son brutales.
En el caso de Arnaldo Otegui, el debe bregar con las consecuencia que sus actos conllevan no sólo para él, sino para su propia familia. Su hija todavía tiene la posibilidad de visitarle en la prisión de Navalcarnero si le place, pero las hijas de los muertos por aquellos a los que Otegui enaltece y de cuya banda ha formado parte, no tienen más que mirar la lápida de un cementerio. Ellas sí que han tenido que fastidiarse y soportar las consecuencias de unos asesinos y tarados que por mor de unos intereses absolutamente gilipollescos, de unas posturas radicales que no me merecen respeto alguno, les han girado la vida.

Me guardo el suplemento. Creo que lo voy a volver a leerlo porque los chistes, aunque sean malos, siempre me provocan la risa y la estupidez de Arnaldo Otegui me provoca la risa hasta que sube la bilis.

(*) Fotografía del atentado a la casa cuartel de la Guardia Civil en Vic el año 1991