sábado, 6 de noviembre de 2010

SÓLO TÚ - SÓLO YO


 
Me lanzo al agua. Me aspira hasta el fondo, apenas unas salpicaduras. Sólo yo. El mundo es un silencio azul. Alineo  la cabeza y me convierto en un guión que se ladea al compás de inspiraciones y expiraciones regulares,  lentas, profundas.  Sólo tú. Los brazos apuntando al infinito mientras las manos acunan el agua.  Los extremos se mueven en vertical con la cadencia de un tic-tac.  Me busco entre el silencio, en lo ingrávido. Y llegas. Con los ojos cerrados, llegas.

Sting & The Police - Fields Of Gold

viernes, 5 de noviembre de 2010

¿QUIÉN DIJO ESTRES?


Confieso, me he hecho mayor. Llevo unos dias de mucho ajetreo, tanto que a veces no sé el dia de la semana en el que me encuentro, si hoy he comido o si ayer cené, si tenía que recoger la ropa del tinte o si tenía que llevarla, si voy o vengo. Un descontrol. 
Así que entre que me he hecho mayor y la agitación en el que vivo, he perdido la capacidad de tener paciencia con algunas personas.
No transcribiré la conversación que he mantenido  y que me ha puesto a cien porque el deber de sigilo profesional me lo impone, pero lo cierto es que la misma me ha evidenciado un nuevo estado existencial (estado que se resume en "no me toques lo que no suena porque no tengo el chisme para ruidos").  He decidido aplicar la cláusula "A-i Act", y ello porque junto a mis incipientes patas de gallo, mi falta de paciencia con los maleducados, mi gusto por las personas que van de cara, he aprendido a reprimir ese instinto atávico de mandar a paseo, de muy malas maneras, a los que me faltan al respeto y lo hacen incluso sin soltar insulto alguno y reconducirlo a la aplicación de la cláusla "A-i Act"
La "A-i Act" está pensada para reprimirme sin que me de un infarto y eliminar la tensión que algunos me generan. Solución, con un par de ovarios, después de aguantar lo inaguantable viéndole la cara al maleducado de turno. y escuchando el veneno que arrojaba. He cerrado mis cositas, he llamado al Spa que hay en la esquina de mi trabajo y, a la hora de la comida, como el que no quiere la cosa, he pedido manicura y pedicura. Tengo el ticket de su coste en mi bolsillo y acabo de cargarle este gasto a la cuenta de facturación de mi cliente. La factura que voy a prepararle es ya de por si abultadita pero hoy ha generado un poquito más de gasto a base de tocarme el chiquilicuatre. He vuelto como nueva, me relaja mucho que me hagan las manos.
Pueden estar seguros que pagará este servicio que va conceptuado como "A-i Act" y que el firmó en su compromiso presupuestario para conmigo.
Es lo único que entienden los maleducados para los que a veces tengo que trabajar. Y es que yo trabajo, mucho y bien, pero todo tiene un precio, para el cliente claro y la mala educación y atacarme de los nervios acostumbra a salir caro. La aplicación de la "A-i Act" es infalible.

PD.: la "A-i Act" es la cláusula actuaciones anti-imbécil.

jueves, 4 de noviembre de 2010

MANUALE D'AMORE (II)


Repita en voz alta, muy alta, con entusiasmo, insistentemente, por ese orden y sin olvidar una sola palabra:

"TE QUIERO, TE AMO, NO HAY NADIE COMO TU, ERES MI INSPIRACIÓN y MI ALIENTO"

Si finalmente no se autoconvence, ni le convence, de todo ello, no se apure, la repetición firme y constante de los anteriores vocablos no le garantiza un amor desaforado, pero le proporcionará un envidiable poderío en el arte de la declamación dramática y un posible papel en un culebrón venezolano.

¿ESTÁ?


Aquel domingo caminaba con paso rápido por debajo de los soportales de la plaza mayor. Llevaba tres días lloviznando  y no parecía que el tiempo estuviera dispuesto a dar ni un minuto de tregua. Miré hacia la ventana. Seguía cerrada. El viento se enzarzó contra el mundo. Castigaba los muros, las encinas y a los pobres mortales  a  base de repartir desaliento. 
Escondí las manos en el abrigo y pensé en todo aquello que no le dije. Seguí caminando, buscando un café en el que refugiarme de las palabras que, una vez más, emergían  desde lo más profundo del olvido y que habían perdurado pese a todo. Me había prometido no volver mientras sintiera que su ausencia me acompañaba pegada  como si fuera mi sombra. Creí cumplir mi promesa y sólo regresé por un presentimiento  extraño que me despertó en mitad de una noche y  me hizo recorrer no sólo kilómetros de una distancia infernal sino años de voluntario destierro. 
Me senté cerca de la puerta. Hojeé el periódico intentado distraerme y perder de vista la imagen de las sobrias contraventanas de la que fue su casa. Sin embargo,  el espejo que tenía frente a mí, me devolvía,  con la insistencia de lo permanentemente dispuesto, la imagen de una vida que se cerró a cal y canto y que reconocí reflejada en mi propia pupila. Bebí poco a poco, intentando recuperar el temple y saboreé, como años atrás, el rastro de hierba luisa que identifiqué en la taza que aquella mujer  me sirvió sin siquiera pedírsela. Anoté en una servilleta  las mil palabras que un día le regalé. 
Dejé unas monedas sobre la mesa y salí a la calle acompañada por el frio helado que la sierra vomitaba sobre la plaza. Caminé hacia su casa, sintiendo que de nuevo llevaba pegada a mis pies su sombra y  su aliento rozándome el pelo.  Doble la servilleta que contenía  la confesión sincera de lo que un día deseé. Volví  al coche caminando despacio. Ahora disponía de la vida entera para intentar olvidar y sobrevivir a un mundo que se oscureció años atrás concediéndome una vida de futuro incierto  como el de las madreselvas que cubrían sus contraventanas intentando sobrevivir  al frio de un invierno mesetario sin más esperanza que, la de que algún día, un resquicio de sol les de un respiro a su final certero.
  
© Fotografía: naq

martes, 2 de noviembre de 2010

MANUALE D'AMORE (I)


Reserve las declaraciones de amor para los días ventosos. Las que no tengan peso saldrán volando. Perderá en antigripales pero ganará en amoríos lustrosos.