lunes, 6 de junio de 2011

ALINEAR O ALIENAR ESA ES LA CUESTIÓN


He pedido hora a mi médico de cabecera. Hace meses que no le visito pero esto ha pasado ya de castaño oscuro y necesito una solución a la carrera. Puede que para alguien, lo que me ocurre la última semana, pueda parecer gracioso pero a mí, sentarme en un taxi, escuchar los lamentos de Edurne Pasaban por su” affaire” con Juanito Oiarzabal y saltarme unos lagrimones como puños, empieza a preocuparme por rozar lo patético y más si, diez minutos más tarde, tengo que sentarme y sacar las uñas.

Dicen que la química y nuestros ajustes o desajustes son todo uno. Pero yo, que creo he perdido la razón en los últimos meses, creo más que es cosa de las alineaciones planetarias. 
Como a fuerza de bandazos se me ha desajustado hasta el coxis y el cerebro no me da para más, he decidido optar por la vía dura, una visita al doctor y alineación al canto.

A las 19:50 minutos me he sentado en la sala de espera a la espera, valga la redundancia, de un remedio, lo menos casero posible y lo más químico que quepa, que me permita alinearme mentalmente, como el sistema planetario, cada cosita en su sitio y girando al ritmo y en el sentido que toca.
Pero como existe aquello de la Ley de Murphy que dice que si algo puede salir mal saldrá peor,  el Dr. Amor (no es una coña marinera, se llama así), con la consulta llena de desajustados, paranormales, de constipados de verano y de hernias de hiato a punto de reventar, ha decidido dejarnos a todos colgados so pretexto de una indisposición de última hora. 
Así que, sin posibilidad de solución, vuelvo a mi casa con Saturno y Júpiter dándose de guantazos dentro de mi diminuto y al parecer anormal cerebro (según algunos refieren).

Dicen que dentro de unos días cambia la luna, a ver si es verdad, y a partir de entonces podemos cambiar de tercio. Más me vale, pues creo que no gano la suficiente pasta para pagarle todos los cafés de mediodía al santo varón que lleva diez días consecutivos soportando mis lamentos (a consecuencia del tan manido desajuste), sobre lo raro que huelen las palomitas de maíz cuando se cuecen en el microondas a menos de 600 watios,  o lo mal que lucen las mechas cuyo grosor excede los 1,5 milímetros de ancho, los mal que pintan últimamente los bolis bic, o lo feas que quedan las piernas sin medias en primavera.  

Esta noche, a falta de drogas legales, mientras termino de leer el “Hola”, sentada en el escalón de la terraza y mojito en mano, aullaré a la luna, a ver si imitando a la perrita Marilyn consigo una alineación planetaria momentánea que me permita mantener el tipo durante unos días, y sin que se me normalice el cerebro, eso sobre todo.

domingo, 5 de junio de 2011

WAITING FOR THE LIGHT


Sin pensar, puse en una coctelera un relajante muscular, “La humillación” de Philip Roth y un ligero dolor de cabeza que martillea pero no mata. El resultado de esa mezcla improvisada terminó en un galimatías inexplicable.  
Debió ser por todo ello que la noche se pobló de pesadillas y Axler, el triste Axler, de repente tuvo rostro. Desde la distancia en la que nos colocó lo onírico me miraba desafiante, buscando un enfrentamiento que no pensaba tener. Empezó a recitar, en un tono más bajo de lo habitual, el fracaso personal y la pérdida de la magia. Todos responsables menos él.

Pensé que su quebranto frente al mundo era  un mal menor, a fin de cuenta, ante los demás siempre somos vulnerables y lo que ayer podía parecer delicioso, hoy podía convertirse en lo más odiado sin que uno hubiera cambiado absolutamente nada. Leyó mi pensamiento y me llamó estúpida mientras, dándome la espalda, intentaba dominar su flequillo ralo.

La estupidez, la suya, provenía de no comprender que las personas no nos movemos jamás a la misma velocidad, que las cosas que nos generan el movimiento nunca son las mismas y que jamás se producen en el mismo momento. Simón, que así se llama Axler, me miró son suficiencia y apuntaló su mirada con un despechado comentario sobre quien soy y por lo que lo soy. Le llamé ignorante y le advertí de dejarle colgado en mitad de este sueño inducido para que se perdiera en su propio lodo, sólo de soledad.


Sobreponiéndose a su soberbia de personaje venido a menos, pidió que me quedara. Nos sentamos en el alfeizar de la ventana. Quiso que le leyera aquel párrafo en el que se descubría sonriendo mientras ella le miraba. Le dije que no y le recordé que, a estas alturas de nuestra no relación, debía saber que era él quien debía leerme y no yo. Me sacó la lengua en un gesto desagradable y saltó.  

Desperté empapada en sudor. Intenté recordar mi nombre y por unos segundos no fui capaz de pensar en otro que no fuera Pegeen.


Había olvidado bajar la persiana. La luz mortecina del amanecer dibuja sombras extrañas sobre la almohada. Aquí, allí, su presencia huele a fracaso.
 
Leonard Cohen - Who by fire

jueves, 2 de junio de 2011

AÑOSOS Y AÑOSAS FUGACES


Vale, podría evitarlo y no dejar constancia de los momentos "moñas" que a veces me entran. Sí, vale, podría intentar disimular y decir que esos momentos sólo se dan cada mil años. Sí, vale, podría decir que eso me pasa por la edad, que al transformarme en una "mujer añosa" (descripción de mi ginecóloga), se me han alterado los estrógenos y, de vez en cuando, me invaden estos "minutos" pastel. Vale, podría contar mil milongas para justificar que llevo toda el día con "Aquarela" en mi cabeza.
No me preocupa, es la ventaja del "añosismo", uno puede disfrutar de sus momentos de bipolaridad, de esa extraña estrella fugaz que cruza nuestro pensamiento a momentos sí y a momentos también, sin que le preocupe lo que piensen los demás y sin tener que justificar, ante otros, las sensaciones que de vez en cuando nos invaden.
Por eso, aquí se queda este video, acompañando el tarareo mental en el que llevo meciéndome todo el día. Y es que "Aquarela" ha viajado en tren, en autobús, ha tomado café en un bonito boulevar, ha compartido el aliento y ahora, a punto de cerrar, comparte unas líneas antes de terminar el día y cerrar los ojos para viajar donde cada uno quiera.

Que tengan una buena noche. Click.

miércoles, 1 de junio de 2011

EFÍMERAMENTE FINITA


Mientras le evocaba a mi vera, eminente, recordé nuestros últimos días. Vagamos durante horas sobre una cama que se convirtió en el único mundo que importaba. Transformó el tiempo y convirtió cuarenta y ocho horas de tregua en una infinita noche perfecta. Me dormí perdiéndome en el hueco de su clavícula mientras él conjugaba el último guiño que nos hacía el destino, él disolviéndose en mí como yo me disolví en él. Nunca una eternidad fue tan efímeramente finita.

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"Sus caricias poseían una extraña cualidad. Unas veces eran suaves y evanescentes, otras, fieras, como las caricias que Elena había esperado cuando sus ojos se fijaron en ella; caricias de animal salvaje. Había algo de animal en sus manos, que recorrían todos los rincones de su cuerpo, y que tomaron su sexo y su cabello a la vez, como si quisieran arrancárselos, como si cogieran tierra y hierba al mismo tiempo.

Cuando cerraba los ojos sentía que él tenía muchas manos que la tocaban por todas partes, muchas bocas tan suaves que apenas la rozaban, dientes agudos como los de un lobo que su hundían en sus partes más carnosas. Él, desnudo, yacía cuan largo era sobre ella, que gozaba al sentir su peso, al verse aplastada bajo su cuerpo.
Deseaba que se quedara soldado a su cuerpo, desde la boca hasta los pies". 


Chet Baker - I Fall in Love Too Easily







 

LLUEVE


La lluvia cae con rabia. Los soportales por refugio. Hubiera sido más sencillo esperar a que escampara pero camino sin prisa bajo el manto de agua que, desde hace unas horas,  cubre la ciudad. Me recojo el pelo mojado y sigo caminando. Sólo es un aguacero más.